Administración pública o bolsa de trabajo

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Resulta que las autoridades escolares, me pidieron que organizara la “bolsa de trabajo” de la escuela, la cual también denominé como oficina de promoción profesional. (Imagen: especial)

Alguna ocasión en los primeros días que llegué al entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, para iniciar mis estudios de educación media superior en el Instituto Politécnico Nacional, al transitar por una de las calles de la colonia Narvarte, habitada por familias de clase entre media y baja socialmente hablando, a la entrada de un inmueble leí un letrero que decía “agencia de colocaciones”, la curiosidad hizo que me detuviera para descifrar el significado de aquel anuncio. El texto más menos decía, “vacantes para obreros, capturistas, oficinistas, office boy y servicio doméstico, interesados deberán presentarse de 9:00 a 16:00 horas, en el segundo piso, trayendo consigo original del acta de nacimiento, cartilla liberada del servicio militar nacional (hombres), dos cartas de recomendaciones y buena presentación, inútil presentarse sin estos requisitos”.

Fue hasta poco antes de finalizar mis estudios superiores cuando me reencontré con el sinónimo de aquel  término que en aquella ocasión me llamó la atención. Resulta que  las autoridades escolares, me pidieron que organizara la “bolsa de trabajo” de la escuela, la cual también denominé como oficina de promoción profesional. El  propósito era  establecer el primer puente  entre los estudiantes y los sectores productivos de bienes y servicios; en busca de una oportunidad para  que los estudiantes comenzaran a tener experiencia laboral en alguna actividad mucho antes de concluir sus estudios profesionales, aparte de que podían obtener un modesto ingreso para ayudarse en sus gastos escolares. Ante tal petición ni tardo ni perezoso, puse manos a la obra, elaboré un plan de trabajo para determinar objetivos, estrategia y acciones a realizar para alcanzar las metas deseadas, definido el plan, junto con otros compañeros de salón, visitamos fábricas, dependencias de gobierno, comercios, empresas de servicios, instituciones educativas y organizaciones sociales; para conocer sus necesidades  de mano de  obra en su proceso de producción, hacer un censo de las  posibles vacantes y dejar establecido un canal de comunicación a fin de mantener actualizada la información; enseguida procedimos a realizar un registro de los alumnos interesados en cubrir alguna de las vacantes ofertadas. Abrimos expedientes personales, ordenando los datos de acuerdo a los diferentes indicadores: por apellidos, edades,  promedio de calificaciones,  grado académico, ubicación geográfica del domicilio, en fin una información sistematizada, que nos permitió hacer la promoción profesional para la ubicación de varios estudiantes y egresados de la escuela en algún trabajo de su preferencia, después hicimos una evaluación para conocer los logros obtenidos, dándonos cuenta que nuestro trabajo había rendido los frutos esperados. Cabe destacar que para realizar todas estas actividades el apoyo se limitó a un espacio que adaptamos como “bolsa de trabajo”, dos o tres archiveros, un escritorio, algunas sillas, una línea telefónica y papelería, inclusive los gastos de transporte corrió por cuenta propia, no se mezcló ningún interés de tipo personal, mucho menos discriminación alguna.

Después de haber pasado tanto años, me estoy dando cuenta que por la  forma como han venido haciéndose las cosas  desde hace décadas. Algunos  nuevos gobiernos estatales y municipales, prácticamente serán administradores de una “bolsa de trabajo” que ni siquiera fue diseñada por ellos, debido a que cuando tomaron posesión del cargo de representación popular, todas las unidades administrativas ya contaban con una plantilla de personal tanto de base  como de confianza, la mayoría inamovibles por ser sindicalizados. Razón por la cual sólo el personal de confianza quedó expuesto a ser ratificados o despedidos, muchos de los cuales, efectivamente fueron sustituidos por personas que participaron en las respectivas campañas político-electorales o por recomendados de grupos políticos de todos los colores y hasta de la iniciativa privada, sin importar preparación académica, solvencia moral o ética, para ser dignos de ocupar un cargo público y prestar un servicio a la comunidad; lo importante en este caso, es que estuvieran dispuestos a jugar un rol de subalternos, lo que significa: no manifestar sus deseos; no expresar  lo que le molesta al jefe; no contradecirle al jefe; obedecer ciegamente órdenes, actitud que en algunos partidos políticos se conoce como disciplina partidista y en psicología sumisión. La mayoría de las haciendas estatales y municipales, están sin fondos o más bien tocaron fondo, con una deuda impagable, lo poco que se vaya recaudando apenas alcanzará para cubrir los salarios y prestaciones de los servidores públicos. Por eso, tengo la impresión que los nuevos gobernantes, prácticamente serán administradores de una “bolsa de trabajo”, sin contar con ningún inventario de vacantes, sólo generando bajas y altas, según la rotación del personal que se vaya presentando por alguna circunstancia en especial. Difícilmente se podrán cumplir promesas de campaña, mucho menos  mejorar y ampliar la infraestructura productiva, como caminos, brechas, carreteras, puentes, hospitales, escuelas, áreas deportivas, electrificación, almacenes, telefonía e internet en zonas marginadas. No me puedo imaginar de donde  puedan obtener ingresos para apoyar a los productores agrícolas con el mejoramiento de canales de riego; combustible para su maquinaria, semillas mejoradas, fertilizantes, insecticidas, fungicidas y asistencia técnica. También se me hace difícil que se pueda apoyar a la pequeña y mediana industria manufacturera, que es la base del desarrollo económico o al pequeño comercio, mucho menos detener la depredación de los espacios turísticos naturales como lagos y playas o mejorar la imagen de los llamados pueblos mágicos. Los principales servicios municipales de recolección de basura, agua potable, alcantarillado, drenaje, y seguridad pública, difícilmente se proporcionaran con la eficiencia requerida. Aunado a todo esto los sistemas de salud son insuficientes para atender las necesidades de la población por la falta de infraestructura física, personal especializado y de medicamentos, sobre todo para la atención de las enfermedades crónico-degenerativas que afectan a una parte importante de la población, lo más grave, es que a estas altura no se cuente con una estrategia para la rehabilitación de quienes enfermaron de COVID-19 , ni para enfrentar los embates de alguna otra extraña enfermedad que aparezca cuando menos lo esperemos.

No tendrán que hacer ningún censo de vacantes ofertadas ni sistematizar la información de solicitantes de empleo, menos establecer requisitos para la adjudicación de plazas, su decisión es inapelable, sin embargo, tendrán que responder por los resultados al final de su encomienda popular; por eso es recomendable que  se administre con eficiencia los incipientes recursos, para no ahondar más el problema, no se debe  simular mejoras de bienestar plantando árboles y plantas florales sobre las principales avenidas de las poblaciones. Se puede avanzar en revertir esta situación, siempre y cuando exista voluntad de aplicar la ley sin distingo alguno, para combatir la corrupción, impunidad y  delincuencia, que cada día invaden con mayor fuerza la biosfera mexicana.