Avance o retroceso

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Alumnos inscribiéndose al Programa de Becas de Educación Básica para el Bienestar Benito Juárez. (Foto: especial)

Aparte de recibir gratuitamente comida, hospedaje, uniformes, útiles escolares y contar con instalaciones educativas de calidad, así como maestros profesionales y con vocación de servicio, todos los alumnos del Internado de Enseñanza Primaria No. 3 “Melchor Ocampo” de Pátzcuaro, recibíamos mensualmente una ayuda económica de $ 6. 00 pesos conocida como “Pree”. Confieso que nunca he sabido lo que significaba ese concepto, lo cierto es que esa aportación provenía de recursos públicos; se trataba de un Programa de Becas, bien planeado, organizado, dirigido y evaluado, por la Secretaría de Educación Pública, a través de la Dirección General de Internados de Enseñanza Primaria, que cumplía todas las expectativas previstas para su implementación. La entrega de la ayuda era tan puntual como el mejor de los relojes suizos, se nos entregaba de manera personal y en efectivo, sin que hubiera ningún intermediario de por medio, mucho menos descuento alguno o pretextando apoyar algún político en campaña. Posiblemente porque en esos tiempos no existía oposición al partido en el poder o porque la corrupción no era tan abierta; eso sí, se deslizaba con discreción por las diferentes administraciones públicas y era menos descarada la impunidad al peculado y al robo a la nación. El famoso “Pree” era esperado con ansias y con las ilusiones de la pobreza, se nos rasaban los ojos de alegría y contento, cuando nos convocaban para entregarnos y recibir tan deseada espera.

Desde luego, la cantidad recibida no era suficiente para satisfacer todas nuestras necesidades materiales, pero, nos alcanzaba para muchas cosas, ya que en ese entonces, el precio de las mercancías no se desbordaba con tanta diferencia sobre los salarios como en la actualidad; el Gobierno Federal, en turno, administraba las finanzas públicas con cierto toque de Moral y Ética, por lo que implementaba políticas económicas responsables que permitían un mejor equilibrio entre los factores de la producción, y los dueños del dinero financiero, industrial y comercial, se mostraban menos voraces que sus descendientes de ahora. Tan pronto teníamos los pesos en las manos, en el primer receso académico que hubiera, raudos y veloces acudíamos a la Cooperativa Escolar, a comprar las golosinas de nuestra preferencia, recibiendo a cambio   cierta cantidad de timbres por cada compra, que pegábamos en un cuadernillo, los cuales se canjeaban por dinero al finalizar cada ciclo escolar, según las utilidades obtenidas por la mencionada Cooperativa, durante ese período. Un compromiso mensual establecido, era pagar una función de cine o de teatro propias para nuestra edad, que se realizaba en el Auditorio del Centro Regional de Educación Fundamental para la América Latina; el resto lo gastábamos con inteligencia, a grado tal que hasta sentíamos que ese puñito de centavos se multiplicaba dentro de nuestros bolsillos, aprendiendo a priorizar y administrar nuestras necesidades

Esa ayuda estimulaba nuestra estancia en una verdadera escuela de tiempo completo, que desgraciadamente difícilmente volverán a existir en nuestro País, al menos que estén en proceso de formación  mexicanos de la talla de José María Albino Vasconcelos Calderón (1882 – 1959) y de Jaime Torres Bodet (1902-1974), quienes además de estar preparados académicamente, hablar y escribir con pulcritud nuestro idioma materno, nunca mezclaron la educación con la política ni permitieron que a la sombra de la misma se formaran grandes fortunas personales. Demostrando su verdadero amor a la patria, esa que soñaron heredarnos nuestros antepasados.

Esa experiencia vivida durante la etapa de mi educación primaria regresó a mi mente, después de haber tenido una plática con un campesino de mi región de origen, con relación a los apoyos que el actual Gobierno Federal, proporciona a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de familias marginadas, para que puedan continuar con su educación, en beneficio propio y de la sociedad. Un campesino de mente despierta, que entiende objetivamente el desarrollo de la vida de los seres humanos; de esos que bien saben que el virus SARS-CoV-2, que produjo la enfermedad COVID-19, es una respuesta de la naturaleza a la forma como la hemos venido destruyendo, en aras de una vida mejor y no un instrumento político, como se atreven afirmar algunos “científicos en proceso”, que hasta ahora nada en concreto han aportado a la humanidad y sí tratan de confundirnos, diciendo que la solución es el uso de cubre-bocas o aislamientos total. Cuando en realidad lo único que nos puede salvar es un cambio de conducta hacia la naturaleza y hacia nuestros semejantes, así como la aplicación de la ciencia, producto del trabajo y esfuerzo de las generaciones pasadas. Un campesino observador, que tampoco se deja impresionar por los programas de bienestar, porque bien sabe que esa no es la solución para atenuar desiguales menos para hacer justicia social. Me comentó que tiene la impresión que a la mayoría de los funcionarios del Gobierno Federal, no les interesa ninguna transformación de la vida nacional, que sólo buscan seguir acumulando riqueza y poder, que son capaces de traicionar  principios y compromisos establecidos a fin de  alcanzar su objetivo, como ha venido sucediendo en el tiempo que lleva el actual Gobierno Federal, por lo que cada día que pasa, el presidente pierde colaboradores, merma su salud y los avances son mínimos en cuanto al bienestar social y un indiscutible retroceso en seguridad pública y seguridad ciudadana.

Me decía que el Programa de Becas de Educación Básica para el Bienestar Benito Juárez, técnicamente estará bien estructurado, con un objetivo definido, unas  reglas de operación  elaboradas por todo un experto en la materia; pero, su implementación dista mucho de la realidad, en la medida que avanza su operación se  va diluyendo en el camino la nobleza de sus intenciones, quedando pendiente las metas programadas originalmente. En un principio se estableció que el apoyo por alumno fuera de $ 800.00 pesos mensuales, a pagarse bimestralmente. Desde el inicio, la demora de los pagos ha sido una constante y no una excepción. En una ocasión se prolongó hasta por tres meses la espera y cuando llegó, algunos beneficiarios no aparecieron en la nómina y sin que se les diera explicación alguna. Es más, continuó diciéndome que, muchos alumnos nunca aparecieron en el padrón de beneficiarios, aun cuando cumplieron en tiempo y forma con los requisitos solicitados y hasta la fecha, no han recibido un solo centavo de apoyo para su educación, menos una explicación lógica de esa omisión, por parte de la Secretaria de Bienestar. Se especula que las fallas son operativas a pesar de que los funcionarios de dicha Secretaría tienen a su disposición una costosa infraestructura administrativa. También me comentó que en alguna ocasión unos padres de familia, después de cobrar las becas de sus hijos, se detuvieron en el camino rumbo a sus casas, para consumir algunas cervezas, las que posiblemente pagaron con los apoyos recién cobrados, que, a lo mejor, después de haber hecho ese gasto, lo poco que les quedó lo entregaron a sus respectivas familias. De comprobarse ese tipo de conductas, el mencionado programa de becas empezaría a perder su esencia.

Esos comentarios despertaron mi interés por informarme un poco del multicitado programa, encontrando que el 31 de diciembre de 2021, se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el Acuerdo número 36/12/21 por el que se emiten las Reglas de Operación del Programa de Becas de Educación Básica para el Bienestar Benito Juárez para el ejercicio fiscal 2022. Teniendo como objetivo: “fomentar que las niñas, niños y adolescentes inscritos/as en algún nivel de Educación Básica en planteles educativos públicos y de modalidad escolarizada (i) ubicados en alguna localidad prioritaria, o (ii) cuya familia tiene un ingreso mensual per-cápita estimado menor a la Línea de la Pobreza por Ingreso (LPI), permanezcan y concluyan sus estudios, mediante una beca, por un monto de  $ 840.00, pesos  mensuales por familia, la cual se entregará bimestralmente y hasta por diez (10) meses del ciclo escolar, a partir del momento de su incorporación al Padrón”.

Comentando dicha información con mi paisano el campesino coincidimos en que no es suficiente con cambiar las reglas de operación y los objetivos del programa de becas, para mejorar sustancialmente la educación de las hijas e hijos de las familias que viven en la pobreza y en la miseria, a lo largo y ancho de la superficie nacional, se requieren de otras acciones como combatir la impunidad y la corrupción. Por principio de cuentas, la ayuda económica tiene menor poder adquisitivo que la otorgada hasta 2021, debido al incremento de las mercancías, de los servicios y de los impuestos; por otra parte, ahora la beca será por familia y no por cada hijo inscrito en alguna escuela pública, por lo que disminuye también en monto y en capacidad adquisitiva. Asimismo, en vez de hacer más ágil y práctico un proceso administrativo lo complican, con tanta información solicitada, que se tiene que vaciar en distintos formatos de captura, como si fuera una estrategia para dificultar el acceso a ese beneficio público. Tan fácil y sencillo de implementar un programa de apoyo económico, como en su momento lo hicieron aquellos funcionarios de la secretaria de Educación Pública, que planearon, organizaron, dirigieron y evaluaron el famoso “Pree”, con relativa capacidad adquisitiva, entrega directa y puntual, sin descuento alguno, sin omisiones, justificado el apoyo plenamente. Claro fueron otros años, de escuelas de tiempo completo y calendarios de 200 días de clases y otras autoridades educativas y de bienestar social. Con las deficiencias actuales, se puede inferir que hasta se carece de padrones confiables y una falta de control del Programa de Becas y por si fuera poco, acaba de asumir la Subsecretaria de Bienestar, una persona que según notas periodísticas, descontaba a los trabajadores del Sistema Nacional del DIF, un porcentaje de su salario, con fines desconocidos, lo que sumado a lo sucedido en la Presidencia Municipal de Texcoco, donde también se les descontaba un porcentaje a los trabajadores para apoyar campañas políticas. Nos da una idea de pronóstico reservado para el programa de becas y de los programas de bienestar en general.

Corrupción e impunidad, obstáculos para alcanzar la justicia social y el fin último del ser humano: la felicidad.