Recordando a su Alteza Serenísima

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El día 21 de febrero del presente, se cumplen 228 años del nacimiento de Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón en la ciudad de Jalapa Veracruz. (Imagen: especial)

El día 21 de febrero del presente, se cumplen 228 años del nacimiento de Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón en la ciudad de Jalapa Veracruz, tras ese largo nombre está Antonio López de Santa Anna, personaje que junto con Cortés e Iturbide forman la parte medular del averno histórico mexicano en la llamada Historia de Bronce, entelequia que se insiste en tomar como referencia en los discursos oficiales.

Recordemos, (¿habrá alguien que no lo sepa?) que Santa Anna fue un político y militar que fue Presidente de México algo así como once ocasiones, y que al final de sus múltiples mandatos , como reflejo de su megalomanía y narcisismo adoptó el título de «Alteza Serenísima».

En un apretado resumen podemos decir que como cadete en el Regimiento de Infantería de Veracruz, por su «valor y valentía» contra a los insurgentes que peleaban por la independencia de México obtuvo varios ascensos. En marzo de 1821, en Orizaba, “oportunamente” cambia de bando y se une a José Joaquín de Herrera, adhiriéndose al Plan de Iguala apoyando a Iturbide, siéndole reconocido el grado de teniente coronel. En diciembre de 1822 junto con Guadalupe Victoria, firma el Plan de Veracruz, ahora desconociendo la legitimidad del ya Emperador Agustín de Iturbide y proclamando la República. Inició entonces una larga serie de adhesiones, encuentros y desencuentros políticos e ideológicas.

Se le recuerda básicamente por sus juergas, por ser gallero empedernido y por los resultados negativos, por no decir nefastos, para México, de casi todas sus decisiones; el más grave fue cuando se da la independencia de Texas y su posterior anexión a los EUA, episodio que derivó en una guerra con nuestros vecinos (1846-1848), misma que finalizó con la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano a manos de los Estado Unidos, que por esas fechas no era, ni de lejos, la potencia emergente que sería a finales del siglo XIX, pero si contaba con un ejército muy disciplinado, bien organizado y mejor abastecido. Las batallas contra el invasor norteamericano nos dieron una colección de «derrotas gloriosas» y el cuento de los «Niños Héroes».

Durante su última gestión, su gobierno se convirtió en una dictadura; Santa Anna suprimió los derechos y las libertades individuales, impuso su voluntad personal e instauró una feroz persecución en contra de sus opositores. Vendió a los Estados Unidos el territorio de La Mesilla para obtener dinero, ya que todo se evaporaba por la enorme corrupción institucional y al final no tuvo mejor ocurrencia que cobrar impuestos sobre coches, ventanas y perros. Con todo eso, el descontento se generalizó.


En 1854 un antiguo insurgente, Juan Álvarez, se levantó contra Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla. Este exigía que Santa Anna dejara el poder y que se convocara un nuevo Congreso para que elaborara una constitución. La Revolución de Ayutla, como se llamó a este movimiento, se extendió rápidamente. Derrotado el dictador salió de México y desapareció del escenario político. Regresando en 1873 para morir en la miseria.

Irónicamente, se dice que Santa Anna ha sido nuestro «mejor vendedor», pero también se le reconoce su enorme ingenio para inventar impuestos; ingenio que permaneció insuperado hasta la llegada de Peña Nieto, con su empleado Videgaray, que nos recetaron un rosario de impuestos, incluyendo el IVA a los alimentos para mascotas; pero no contábamos con la llegada de la 4T a México, que corroborando una de las Leyes de Murphy , esa que nos avisa que toda situación, incluso la peor, puede empeorar, ha resultado , en materia impositiva, una combinación de la Francia de los Luises con lo peor de la dictadura de Santa Anna.

¿Servirá para algo el actual terrorismo fiscal de la 4T? No se necesitan dotes de adivino ni consultar al Oráculo de Delfos para poder afirmar que con los actuales funcionarios recolectados y habilitados por MORENA no habrá dinero suficiente. Nunca veremos resultados ni obra alguna que beneficie directamente a población en general. En las actuales circunstancias, la 4T se tarda más en cobrar impuestos que en desaparecerlos en el inmenso agujero negro de la corrupción

Y para colmo, todo se carga al sufrido causante cautivo, integrante de una clase media progresivamente descendente. ¿Y los grandes empresarios? Sencillo, si están alineados con poder Ejecutivo pueden seguir igual e incluso prosperar. Ellos, conjuntamente con la “Nueva clase”, esa descrita magistralmente por Milovan Djilas, recibirán todos los contratos necesarios para seguir adelante. Es si, en caso de protestar estarán en problemas.