Estancamiento del aprendizaje

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El aprendizaje es un cambio progresivo de la conducta que ocurre concomitantemente con la práctica. (Imagen: especial)

El aprendizaje es un cambio progresivo de la conducta que ocurre concomitantemente con la práctica, que nos ayuda a ser mejores personas en nuestras interrelaciones con el medio ambiente que nos rodea. Ese cambio de conducta sólo es posible mediante la adaptación sensorial; los estímulos sobre el organismo; la adquisición de nuevos y mejores conocimiento; el reforzamiento de valores; desarrollo de las capacidades; el entrenamiento físico y mental; así como de las experiencias vividas. Por lo que no es difícil, darnos cuenta si avanzamos, retrocedemos o nos estancamos en nuestro proceso de aprendizaje.

El aprendizaje empieza en el seno familiar, continua en todos los espacios por los que  transitamos en la vida, pero, para entender e interpretar científicamente la realidad del mundo que nos rodea, es necesario asistir a los centros educativos privados o públicos autorizados por el Sistema Educativo Nacional, para obtener un aprendizaje, sistematizado; estructurado en planes y programas de estudio; mediante un método pedagógico; una técnica; un calendario de actividades bien definido; un personal capacitado; así como los espacios con las instalaciones y equipos adecuados para transmisión-recepción de los conocimientos y demás áreas de convivencia para que los alumnos socialicen y consoliden su educación con calidad humana.  

Con alumnos en cualquier espacio se puede llevar a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje, así sea bajo la sombra de un árbol. Sólo que, no es el lugar apropiado para lograr desarrollar una educación plena, porque se dificultaría manejar material didáctico para facilitar el aprendizaje; asimismo no se podrían hacer las prácticas que marcan los programas de estudio de biología, física, química y computación dejando inconclusos los temas relacionados son esas materias. Menos se podría hacer uso de las llamadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que, en estos tiempos de la sociedad del conocimiento, su uso es indispensable para una mejor transmisión-recepción de los conocimientos, mediante audios; videos; almacenamiento, recolección, organización e instantaneidad de datos; conversaciones virtuales; así como la interconexión e interactividad con otras fuentes de información. Si no se utilizan espacio adecuado para el trabajo educativo, como  ha venido sucediendo desde hace aproximadamente dos años, con la modalidad de clases a distancia, las cuales se han recibido en lugares improvisados, como la mesa del comedor; el “burro de planchar”; el buró del cuarto de dormir; la mesita del centro o hasta en la banqueta de la calle y utilizando como herramientas de recepción, un viejo televisor o un celular de algún miembro de la familia o si han corrido con mejor  suerte, mediante una pantalla plana, un iPhone, una tableta o un sofisticado equipo de cómputo. Ya que sólo un grupo privilegiado de alumnos han contado con los mejores aparatos para la recepción de la información, las clases a distancia han provocado un estancamiento en la educación y en un descuido hasta un retroceso en la misma, lo cual es difícil de saber porque la secretaria de Educación Pública no ha podido evaluar resultados, por la falta de seguimiento a este proceso educativo. 

Se pudiera decir que el aprendizaje a distancia se empezó a practicar con los cursos por correspondencia, referente a varios oficios, luego mediante cuadernillos conteniendo temas a desarrollar; posteriormente mediante la radio y en seguida con el uso de la televisión para darle vida a la modalidad de la telesecundaria y telebachillerato (sistemas híbridos-a distancia y presenciales), supuestamente para llevar el servicio a zonas marginadas, pero que en realidad fue una falsa salida a la presión de la demanda en esos niveles académicos. Por otro lado, la mayor parte de la matrícula estaba integrada por alumnos rezagados en sus estudios o de bajo rendimiento académico, pero, también es justo reconocer que muchos egresados de esos planteles son excelentes estudiantes, que tiene bien claro lo que quieren hacer de su vida. Bien o mal estos subsistemas educativos han permanecido y van caminando a paso lento, ahora mejorados en parte con innovadoras pantallas y el uso de las TIC, a pesar de que la preparación y el espíritu de servicio de algunas de sus autoridades, dejan mucho que desear. A principios de los años 70 del siglo pasado, empezó a proliferar el sistema de educación abierta, que adoptaron algunas instituciones educativas, el cual ha venido funcionando hasta nuestros días. Clases a distancia que se han ido consolidando gracias a que cada uno de los interesados, cuentan con personalidad propia, disciplina, responsabilidad, honestidad y compromiso personal, pero sobre todo están seguro de lo que quieren y lo que tienen que hacer para lograrlo. Cualidades que por naturaleza no son propias de los alumnos en edad de educación básica y media superior. Por lo que se requiere coordinar y reforzar su aprendizaje, orientarlos y acompañarlos en su desarrollo educativo y que convivan con sus semejantes para que crezcan como seres humanos. 

Se optó por las clases a distancia por ser la única alternativa, para supuestamente darle continuidad al quehacer educativo, durante el confinamiento con motivo de la pandemia provocada por COVID-19, que no solamente ha provocado el estancamiento del aprendizaje, principalmente en educación básica y en la media superior, sino que además, se volvió elitista, porque los hijos de las familias que conforman los millones de mexicanos que viven en la pobreza y en la miseria, difícilmente pudieron recibir con regularidad los conocimientos transmitidos por los diferentes medios electrónicos o digitales, con lo cual se ampliaron las desigualdades, se incrementó la deserción escolar, el rezago educativo y la mala calidad de la enseñanza, que ya se venía acumulando desde hace más de 6 décadas, por utilizar la educación para fines políticos, ceder a grupos sindicales funciones administrativas, nombrar a personas que nos les interesa la educación, al frente de planteles (muchos tienen más de 15 años como directores), subsistemas educativos, direcciones generales, subsecretarias y hasta la propia titular de la SEP.

Prueba de ello, es que a estas alturas de la pandemia las autoridades educativas, no han asumido su responsabilidad histórica y social, para establecer el calendario de regreso a clases presenciales, tal parece que en cada región establecieron su propio calendario. Por otra parte, le piden opinión a los grupos sindicales, quienes argumentan que el regreso a las aulas representa un riesgo para la salud de la comunidad escolar, cuando bien sabemos que muchos de sus integrantes tienen años que cobran como docentes sin haber puesto un solo pie en un salón de clases. Mientras que, por las principales calles; plazas públicas; centros comerciales y vacacionales, millones de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, caminan al lado de sus papás como si estuvieran disfrutando de un periodo vacacional, después de un prolongado y agotador periodo escolar, sin que aparentemente teman algún deterioro de su salud. En lugar de poner orden en el Sistema Educativo Nacional, las autoridades educativas están entretenidas con la revisión de los planes y programas de estudio de la educación básica, que en nada nadita  de nada, ayuda a disminuir la deserción escolar y el rezago educativo. El problema es que ya se ocasionó un daño irreversible al desarrollo educativo de quienes nacieron entre 1998 2019. Con lo que se demuestra que las autoridades educativas no han hecho su quehacer en tiempo y forma ni manifiestan intención de hacerlo, traicionando la confianza que les confirió el Presidente de la República, quien si no procede en consecuencia y hace las sustituciones correspondientes, tanto en educación, seguridad y bienestar, difícilmente su administración podrá igualar los logros obtenidos por las administraciones de los llamados gobiernos neoliberales. Perdiéndose en las páginas de la historia, aquel joven ejemplar, trabajador, honesto responsable, consecuente con sus pensamientos, que escuchaba con atención los consejos éticos y morales del Lic. Juan Larios Tolentino, cuando iniciaba su travesía a favor de los marginados.

Sólo llega a buen puerto, aquel marinero que no detiene su camino, para escuchar el canto de las sirenas.