Rezar por Santas Marías

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Santas Marías forma parte del corredor más importante en la producción de mezcal. (Foto: especial)

—¡Nos están robando el agua, vea, vea!  —exclaman irritados pobladores de Santas Marías.

El recorrido que se hizo por las tierras altas en donde nacen los manantiales que dieron vida a esta poblado muestra ante los ojos un panorama desolador. Hasta hace algunos años entre los espesos bosques de pino y encino escurrían las aguas empleadas para la agricultura y la ganadería de este pueblecito.

Desde hace 10 años los escurrimientos han venido mermando. Todos, si todos, los arroyos han sido intervenidos con retranques. El agua es derivada a numerosas hoyas para el riego de cientos de hectáreas que han sido instaladas, en su mayor parte, en tierras forestales. Los mapas satelitales que pueden ser consultados por cualquiera en Google Earth, no dejan lugar a dudas.

En estos lugares la expansión aguacatera continua febrilmente, sin límites. La inspección comunitaria pudo localizar diversos predios con tala ilegal en donde yacen encinos, madroños y árboles uña de gato, arrancados a la tierra desde la raíz con maquinaria pesada. En otro, las plantas de aguacate contrastan con los troncos de pinos talados y carbonizados. En uno más toda la cubierta vegetal fue extraída y la tierra rastrillada; no dejaron huella de vegetación alguna, es obvio, plantarán aguacate.

El avance aguacatero está tocado por la irracionalidad. La codicia por el dinero inmediato anula el sentido común. Sorprende e indigna a quienes integran la inspección comunitaria la destrucción de las zonas de manantiales. Con maquinaria han limpiado y dragado los nacimientos de agua. A decenas de metros se han construido hoyas gigantescas como trofeos del absurdo. —¿De dónde van a obtener el agua si están destruyendo los sistemas naturales? ¿De dónde la obtendrán si en temporada de lluvias lanzan cohetones para ahuyentar las luvias con el pretexto de impedir el granizo? —rechina los dientes uno de los pobladores de mayor edad.

Santas Marías es un poblado con una historia que se puede rastrear por lo menos hasta 1750. En este lugar se estableció por algún tiempo el general cristero más importante del centro de Michoacán, Simón Cortés Vieyra. Ahí, a principios del siglo XX, había echado a andar un rancho ganadero y una vinata para producir mezcal. Los ancestros de estos pobladores fueron constitucionalistas en la revolución de 1910, también carrancistas, luego villitas y chavistas con Jesús Salazar; participaron en el levantamiento delahuertista de 1924 liderados por Simón Cortés y finalmente fueron convencidos cristeros.

Santas Marías forma parte del corredor más importante en la producción de mezcal, y data de los tiempos en que se producía al margen de la ley, junto con Ucaziro y Piumo. De estos poblados proceden los maestros mezcaleros de mayor reconocimiento en la región.

Hasta hace algunos años los pobladores cultivaban avena, trigo, janamargo, maíz, jitomate y diversas hortalizas, además, participaban de la ganadería con reses, borregos y chivos. De esa manera obtenían sus ingresos. La falta de agua, sin embargo, ha modificado la vida de sus habitantes. Los cultivos que eran de riego no se hacen más, tampoco la ganadería. Su calidad de vida se ha empobrecido en la medida en que los huerteros de tierras altas obtienen ganancias multimillonarias a costa del agua que les han robado y los bosques que han arrasado.

Santas Marías forma parte de la tenencia de Etúcuaro, cuenta con un ejido de 360 hectáreas que participa en la iniciativa ciudadana de Área Natural Protegida. Los bosques de su ejido —y así lo constató la inspección comunitaria— están muy bien cuidados, de la misma manera que lo están los ejidos cercanos de Nieves (480 hectáreas) en el sur de Morelia y San Pedro Piedras Gordas (260 hectáreas) de Madero, también participantes del proyecto Área Natural Protegida. Los esfuerzos para cuidarlos son valiosos para las recargas freáticas en la región, pero “es insuficiente” —a decir de los pobladores—, si los dueños de pequeñas propiedades en la zona denominada la Pitaya, entregan sus tierras y bosques para el cultivo aguacatero.

En 2017 los pobladores de Santas Marías, ante el agudizamiento de la sequía, liberaron los retranques para que el agua volviera a correr. De poco sirvió, los volvieron a imponer no importando que sea un cause federal. De entonces a la fecha los retranques y hoyas concentradoras se han incrementado hasta el punto en que, como lo verificó la inspección comunitaria, todos los arroyuelos han sido intervenidos y prácticamente toda el agua es derivada a los enjambres de hoyas que se siguen construyendo.

En esta parte de la sierra de Madero, como en otros sitios codiciados por los huerteros, la ley ambiental es letra muerta. Acá lo que cabalga en caballo de hacienda es la impunidad y el ecocidio. No conocen límites. El derecho de los demás les importa un comino. Priva la ley del más fuerte y hasta ahora ellos son los fuertes: tienen poder económico y poder político.

—¿Cómo me gustaría que el gobernador Bedolla se tomara una foto aquí, en esta tierra talada, así como tantas que se toma apoyando a los aguacateros? — Reclama un poblador señalando con su mano derecha el predio de 5 hectáreas completamente arrasado y rastrillado, en el que en su parte baja se aprecia un manantial dragado y ya sin cubierta vegetal; de este predio con seguridad en algunos años se estará exportando aguacate a los Estados Unidos.

Si antes los pobladores y comunidades de tierras abajo ya padecían por la falta de agua ahora el problema será más grave. Por esta razón es que la inspección comunitaria ha decidido comprobar la magnitud de las consecuencias que enfrentarán. Sus pueblos están en riesgo, lo dicen con impotencia y preocupación.

—¡El daño está hecho! Y no hay gobierno que corrija esto, pero si nosotros actuamos por nuestra cuenta, júrelo que de inmediato nos van a criminalizar y se no van a echar encima. —Observa alguien más.

La inspección comunitaria ha levantado un acta para ponerla en manos de las autoridades. Sin embargo, confiesan no tener grandes esperanzas en ellas.

—¿De qué han servido las mesas ambientales? —Cuestionan.

—Más vale rezar por Santas Marías y actuar por nuestra cuenta.