ECOS LATINOAMERICANOS: El clasismo en nuestra región

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Este fenómeno social aún sigue causando divisiones y enfrentamientos sociopolíticos en diversos países. (Foto: especial)

El día de ayer se inauguró oficialmente el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, ubicado en la zona de Santa Lucia, en Estado de México. El gobierno federal lo considera como uno de sus principales logros, especialmente en lo que respecta al tiempo en el que se construyó y se puso en funcionamiento. Probando de esta forma que obras de esa magnitud son posibles de realizar cuando hay el recurso y empuje político. Es cierto también, que esto significó un revés para las críticas de la oposición quienes vaticinaban que no sería posible terminar la obra para marzo de este año.

Cabe señalar que ahora la oposición política nacional, está enfocando sus críticas a la estética de la construcción, así como a la supuesta falta de vuelos y también a la carencia de infraestructura y logística para conectar el nuevo aeropuerto con el área metropolitana de ciudad de México, además, no cesan las voces en la oposición que continúan clamando por la continuación de la obra del aeropuerto de Texcoco, misma que fue cancelada a finales de 2018.

Si bien puede indicarse que algunas de estas críticas contienen un buen nivel de sensatez, como lo son aquellas que señalan que aún debe trabajarse en los caminos de conexión entre la ciudad de México y alrededores con el nuevo aeropuerto, ya que efectivamente hay zonas que por el tráfico y la falta de rutas terrestres incrementan tanto el tiempo como el costo de traslado, problemática que el gobierno federal tiene responsabilidad de solucionar, así como también la reserva de información sobre los contratistas y el costo de sus servicios, ya que también ahí hay elementos fiscales-administrativos que pueden terminar repercutiendo al erario público.

Hay criticas también que solo están relacionadas con la estética del aeropuerto, así como del tipo de pasajeros que estarán haciendo uso de este, y dichas críticas no abonan nada al debate público ni mucho menos genera algún tipo de responsabilidad política real hacia el gobierno federal. Señalar que el nuevo aeropuerto es una “terminal de autobuses aérea” o cuyos servicios son aparentemente dirigidos a sectores más marginados, no es una crítica constructiva y fundamentada, al contrario, es solo una muestra del peligro de la discriminación clasista que se tiene en México y el resto de Latinoamérica.

El clasismo es un fenómeno que lamentablemente viene imperando en el mundo desde prácticamente la aparición de las primeras civilizaciones, pero que tuvo una mutación de corte completamente económica con la aparición del siglo XIX, a partir de aquel momento el clasismo comenzó a sustituir, o incluso complementar, al racismo para discriminar a personas pertenecientes a clases sociales de bajos recursos. Tal discriminación no era solo señalar negativamente a una persona por su pertenencia socioeconómica, sino además pretender minimizar todo lo relacionado con las clases sociales “bajas” o “populares”, desde lugares geográficos, conductas sociales y ciertos gustos vinculados con las artes y deportes, entre otras cosas.

Este fenómeno social aún sigue causando divisiones y enfrentamientos sociopolíticos en diversos países, especialmente aquellos en los que los dirigentes se asemejan o vinculan, o por lo menos pretenden hacerlo, a las clases económicas más desfavorecidas. Varias de las críticas al gobierno de López Obrador en México, vienen con esa raíz clasista, las críticas estéticas acerca del nuevo aeropuerto son apenas un ejemplo, sin invalidar, claro está, las críticas genuinamente válidas que definitivamente no tienen que ver con elementos clasistas.

Pero el gobierno mexicano actual no es el único, también estas críticas “tóxicas” que nada abonan al discurso público ni al desarrollo nacional, podemos encontrarlas dirigidas hacia los gobiernos actuales de Perú con Pedro Castillo, a quien varias veces se la ha criticado por su origen humilde y rural y su cultura “pro-andina” y pro-campesina. En menor medida el gobierno argentino de Alberto Fernández ha recibido críticas por tratar de vincularse con las clases más populares de su nación. El gobierno del expresidente boliviano Evo Morales tuvo también que afrontar este tipo de críticas clasistas, algunas veces entremezcladas con genuinos y válidos argumentos contra su administración nacional, por su origen campesino e indígena.

En el caso del nuevo gobierno chileno, Gabriel Boric por lo pronto no ha sido criticado con base en cuestiones clasistas, probablemente esto se debe a que a pesar de no ser alguien de la élite política o económica chilena, su formación profesional en una de las universidades más importantes de Chile, especialmente al ser un país donde la educación superior es prácticamente un lujo absoluto debido al enorme costo monetario, exponen que pertenece a una clase más pudiente económicamente, y eso ha evitado que sufra ese tipo de críticas tóxicas.

Los mencionados son los ejemplos más actuales, pero conductas de este tipo se observan todo el tiempo en nuestra región, muchas veces enmascaradas con algunos argumentos críticos aparentemente válidos, pero que en el fondo demuestran conductas despectivas hacia clases socioeconómicas más bajas. Sin duda alguna es lamentable que esto siga ocurriendo en nuestra región, aun cuando una de las consignas de luchas de independencia era acabar con la discriminación entre castas sociales.

Y recalcando, es cierto, especialmente en las democracias, que ningún gobierno estará exento de crítica, sobre todo, en países latinoamericanos donde hay un enorme rezago en el institucionalismo y una enorme falta de transparencia pública en las acciones administrativas, es necesario estar vigilando y señalando las posibles fallas y malas estrategias del gobierno en turno.

Pero una cosa es señalar elementos de ineptitud administrativa, corrupción o falta de optimización de recursos públicos, y algo muy diferente es arrojar críticas con base en el clasismo y la discriminación. Esto último no solo no contribuye a corregir o mejorar las acciones del gobierno que impere en ese momento, sino que incluso puede generar una autentica polarización en los diferentes sectores sociales, lo cual no traerá nada bueno al desarrollo nacional. Al igual que genuinamente se ha criticado al gobierno al emplear terminología para denostar a las clases sociales que le son menos adeptas, también debe criticarse con la misma objetividad a la oposición cuando basa sus críticas en elementos clasistas.

La idea de ser oposición es mostrar que se es una alternativa mejor no solo en el aspecto de proyectos administrativos, sino también que pretende un proyecto con mayor inclusividad y desarrollo para el país. Si la oposición actualmente tiene que adoptar discursos basados en criticas clasistas para crecer políticamente, es entonces porque ha agotado todas sus propuestas políticas reales. En el modelo republicano es indispensable que exista una oposición firme, critica, pero sobre todo con proyectos concretos para el país, de poco o nada sirve una oposición que la mayoría del tiempo solo puede fundamentarse en elementos de discriminación clasista. Al final, esto último favorecerá más que todo al gobierno en turno, el cual, en países con instituciones débiles necesita de una oposición responsable para mantener los equilibrios.