DEBATAMOS MICHOACÁN: La Paz desde los municipios

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Existen una diversidad de posibilidades para atender a la población y generar condiciones de Paz y convivencia social. (Foto: especial)

Hablar de la Paz no es simple, vemos como en la resolución de los conflictos entre las naciones, entre los pueblos, entre los miembros de la familia, siempre está en medio el poder, y su ejercicio; no es sencillo tender un puente de comunicación para el diálogo horizontal, sobre todo en las naciones que juegan las posiciones geopolíticas, y otros elementos, como expresa Johan Galtung teórico de la Paz, quien confirma que para que exista paz, se requiere de resolver conflictos de manera equitativa, se necesita de los derechos humanos universales, interdependientes, indivisibles y progresivos, pero también de evitar la violencia física, cultural y estructural, que permita un mayor acercamiento, convivencia, fraternidad y participación desde lo personal y social.

Me pregunto constantemente por dónde debemos de caminar para alcanzar una Paz duradera, si vemos crisis permanentes: medioambientales, sociales, subjetivas, en la educación, en la salud, en el financiamiento, y ahora el miedo, el asesinato de los comunicadores, de defensores de derechos humanos, pero también feminicidios, y en donde muere igualmente la sociedad al no poder ser informada y protegida.

Recientemente estuve en la Costa-Sierra de Guerrero y Michoacán, ahí constaté la importancia de generar un programa holístico, sistémico, interdependiente y progresivo sobre la cultura de la Paz y que podría ser abanderado desde las estructuras del poder: el ayuntamiento y autoridades, las estructuras de la educación, de salud, de los derechos humanos, de las organizaciones de la sociedad civil; es decir,  los caminos pueden ser diversos, como diversos los mecanismos para seguir en una lucha por la Paz, por la vida. En cada municipio que estuve escuché las narrativas de los pobladores sobre la presencia de células delincuenciales, que en el caso de Chinicuila, dichas células bajaron a Villa Victoria, amedrentaron a la población, y tuvieron que desplazarse a otros estados como Colima, el miedo paraliza a la sociedad, esto sucedió en diciembre y aún hay personas que no han regresado, literalmente por el miedo. Incluso personas desplazadas que esperan recibir en la  frontera norte de nuestro país, el asilo correspondiente para evitar regresar, aunque debo reconocer el trabajo que realiza este Gobierno como proyecto insignia para atender a dicha población por parte de la Secretaria del Migrante.

Existen una diversidad de posibilidades para atender a la población y generar condiciones de Paz y convivencia social, el ayuntamiento siempre será el primer respondiente; muchos caminos, diversas propuestas, impulsos desde todas las estructuras, federal, estatal, municipal. Para ello, se requiere contar con un Programa Estatal para la Paz 2022-2027, además del Programa Estatal de Derechos Humanos 2022-2027, así como el Plan de Desarrollo Integral de Michoacán 2021-2027 y desde luego las adecuaciones a la Ley para una cultura de Paz y prevención de la violencia y la delincuencia en Michoacán, y en el marco del diseño de política pública ya definida por el Gobierno Federal para fortalecer las propuestas en los municipios, con ello, se lograría:

Primero, crear un programa municipal de la Paz y convivencia social para el trienio y su programa operativo anual.

Segundo, fortalecer el acervo bibliográfico digital de las áreas educativas y operativas del ayuntamiento, creándose unidades para la Paz, que motiven y promuevan acciones desde sus funciones para la Paz y el empoderamiento de la población para la resolución de conflictos.

Tercero, trabajar en proyectos para la Paz en la educación básica y media superior, tanto para alumnos, como para docentes y los padres de familia; proyectos atendidos desde las mallas curriculares de la educación básica ya aprobadas y con una visión de pensamiento crítico.

Cuarto, renombrar espacios urbanos o suburbanos con nombres relacionados con la Paz, que resignifiquen simbólicamente el concepto de Paz y manden una señal clara de aquellos hombres y mujeres que han trabajado por la resolución de conflictos y el trabajo de Paz. 

Quinto, destinar recursos públicos para coadyuvar a las tareas de Paz que realicen las organizaciones de la sociedad civil, o bien, las estructuras de la educación o de la salud.

Sexto, que la Paz sea un eje transversal del diseño de la política pública, así, como lo es la perspectiva de género, o bien, la igualdad y no discriminación, los derechos humanos, la interculturalidad o la sostenibilidad.

Séptimo, implementar el programa operativo municipal de la Paz, en su vertiente de capacitación, para la información y formación dirigidos a los elementos de la policía municipal, para fortalecer su acción pública en materia de mediación y resolución de conflictos, así como en materia de igualdad y no discriminación.

Octavo, en las áreas de la Sindicatura, promover la formación de los servidores públicos para establecer los servicios de mediación y resolución pacífica de conflictos profesionalizados y con vocación de servicio.

Noveno, dar oportunidad a las reflexiones desde la sociedad civil para ser atendidas por el ayuntamiento, que promuevan la paz, la resolución de conflictos.

Décimo, crear las redes de apoyo de municipios y vincularse con otros municipios de otros países, que trabajan por la defensa de los derechos humanos y el impulso a la Paz y la convivencia social.

Undécimo, vincularse con diferentes campañas que promuevan los derechos humanos, la participación social, y la construcción por la Paz.

Duodécimo, impulsar con otras ciudades que promueven la Paz, el hermanamiento para fortalecer los vínculos y la formación del servidor públicos y de las personas en las comunas.

Décimo tercero, incluir en las contrataciones o licitaciones de bienes,  productos o servicios del ayuntamiento criterios de respeto para la paz, la solidaridad y los derechos humanos; por lo que un proveedor de bienes y servicios del ayuntamiento no podrá tener quejas en los órganos autónomos de derechos humanos o haber sido juzgado y sentenciado por violaciones a los derechos humanos.

Consideramos importante, continuar trabajando en este ejercicio público de creación y desarrollo de conciencia, pero además de cohesión social, en donde la cultura de la Paz sea un acicate para la transformación de comunidades con violencia física, estructural y cultural en comunidades con procesos dialógicos de comunicación y respeto a las diferencias.

Urge tomar nuevas medidas, porque las normas, las estructuras y el diseño de política pública requiere de continuar trabajando en la construcción de nuevos modelos sociales y económicos para evitar tanto dolor que se genera en la sociedad, derivado de las crisis que vivimos, de los feminicidios, desplazados, miedo, pobreza, precariedad y crimen organizado (para la venta de drogas, armas y la trata de personas), el patriarcado y un mercado que día con día  promueve el hedonismo y a la par la violencia, el mandato de masculinidad y las potencias.

Trabajar en los municipios con un proyecto de Paz y convivencia social, que genere la cohesión social, y los mecanismos de participación ciudadana es fundamental. Se requiere igualmente servidores públicos profesionalizados y con verdadera vocación de servicio, que no quede lugar a dudas que las acciones son para emprender las transformaciones que necesitamos socialmente impulsadas por los diferentes niveles de gobierno y con la participación de la sociedad civil organizada, la academia y todos aquellos que son motivadores para la participación social.