ECOS LATINOAMERICANOS: Entre simbología y pragmatismo. Parte 1

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Andrés Manuel López Obrador en su gira por Cuba. (Foto: especial)

El pasado fin de semana el presidente, Andrés Manuel López Obrador, culminó su gira a Centroamérica y Cuba. El propósito de esta visita fue reforzar las relaciones políticas entre México y las naciones de Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice, y la ya mencionada república de Cuba, dando seguimiento a la política del actual gobierno de tratar de aproximar a México con el resto de Latinoamérica, especialmente con los países con mayor cercanía geográfica.

En ese contexto se ubica la pretensión del gobierno federal de mantener tanto la continuidad de la llamada “Doctrina Estrada” como también la integración latinoamericana, que, al menos simbólicamente, el gobierno mexicano fomentó a lo largo del siglo XX, y que finalmente fue dejada de lado por los llamados “gobiernos neoliberales” desde finales de la década de los ochenta. Sin embargo, además de este simbolismo político, el viaje de López Obrador a Centroamérica y Cuba obedece a propósitos más prácticos.

Hay primero que destacar, que es apenas el primer viaje del presidente a estos territorios, anteriormente se había concentrado más que todo en EUA. Por lo que es notorio que fuera personalmente a estas regiones latinoamericanas, especialmente por la situación que están atravesando actualmente tres de los países visitados: Honduras, El Salvador y Cuba.

Por supuesto que Belice y Guatemala tienen también un grado de relevancia, ya que son los vecinos directos de la frontera sur, sin embargo, estos países no afrontan notoriedades políticas como los otros tres ya señalados. En el caso hondureño, fue hasta comienzo de este año, donde finalmente el “zelayismo” logró triunfar en las urnas a través de la figura de Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, derrocado en 2009 por un golpe de estado.

La ya de por sí complicada situación socioeconómica y política de Honduras se agravó tras dicho golpe militar. Cabe señalar que Honduras es quizá el país centroamericano con mayor atraso en desarrollo social, especialmente en materia agraria, y prácticamente ha carecido de gobierno progresistas, siendo justamente el gobierno de Zelaya el último que ejerció algunos elementos de progresismo sociopolítico. Sin embargo, la oligarquía hondureña no le perdonó su traición por haber llegado al poder a través del Partido Liberal, el cual es de los principales partidos del establishment político hondureño, y rápidamente dar un viraje al progresismo, esta actitud política fue respondida derrocándole del cargo, y generando un pacto de facto entre la élite política más conservadora del país, misma que mediante turbias elecciones se mantuvo gobernando Honduras hasta finales de 2021, cuando Xiomara Castro logró hacerse con la victoria electoral.

También, no puede ser omitido el hecho de que Zelaya fue uno de los invitados a la toma de protesta de AMLO en diciembre de 2018, por lo que la relación política es más próxima de lo que podría suponerse. Por lo tanto, tiene mucho sentido que López Obrador busque arropar geopolíticamente al nuevo gobierno de Honduras, sobre todo al ser un área de influencia directa de México en la región.

Respecto a la situación de El Salvador, no hace mucho que el actual presidente de dicho país, Nayib Bukele, tomó protesta como nuevo mandatario e inició una serie de polémicas políticas, tanto internas como externas, para transformar su país. El Salvador, al igual que buena parte de Centroamérica, afronta severos problemas de pobreza y, especialmente, de violencia. Desde el fin de su guerra civil, en 1992, esta nación centroamericana ha afrontado la violencia propiciada por las famosas “maras”, pandillas que se disputan el control territorial de diversas áreas del país, y a quienes los gobiernos pasados no pudieron combatir de manera eficaz.

Por lo anterior es que actualmente Bukele ha tomado una serie de medidas drásticas, que incluso algunos consideran ya directamente draconianas, para combatir con firmeza la amenaza de las pandillas. Tal estrategia, parece tener resultados debido a la cantidad de detenciones realizadas a lo largo de este año, además de un desplazamiento de pandillas hacia otras zonas de Centroamérica; sin embargo, el precio por estas medidas de seguridad ha sido muy alto. Bukele ha generado una eliminación fáctica del poco estado de derecho que había en el Salvador, y actualmente se encuentra “depurando” el sistema político de elementos que él considera como obstáculos para consolidar a El Salvador como un país sin pobreza y sin violencia.

Entre sus medidas están la intimidación de legisladores de la oposición mediante el uso del ejército, la purga de elementos del poder judicial mediante una ley que prohíbe el ejercicio de cargos a adultos mayores, así como también la aplicación de la criptomoneda Bitcoin como tipo de cambio oficial, y las burlas a través de Twitter tanto a sus opositores como a organismos internacionales que critican sus políticas. Sin embargo, todo ello le ha valido una aprobación que oscila entre el 75% y 85%, lo cual le ha permitido generar un capital político para mantener estas polémicas tácticas.

Hay que decir, que a comienzos de 2020 hubo roces entre el gobierno de Bukele y el de AMLO, sin embargo, parece ser que esas asperezas ya se han acabado, ya que la relación entre ambos mandatarios en esta gira fue muy fructífera, sin mencionar que hubo halagos respectivos entre los dos presidentes en la reciente visita de López Obrador, quién no parece muy preocupado por el desplazamiento autocrático que está realizando el gobierno de Bukele.