DEBATAMOS MICHOACÁN: Violencias y cartografía de la paz

285
El tema del binomio Paz y Violencia continúa vigente en la agenda pública, es una narrativa que no es de ahora, nos acompaña como sociedad. (Imagen: especial)

El tema del binomio Paz y Violencia continúa vigente en la agenda pública, es una narrativa que no es de ahora, nos acompaña como sociedad y está presente en todos los espacios donde se genera conflicto, es decir, pareciera indisoluble, para que exista la paz, se requiere de la violencia, no tendría ningún sentido hablar de paz, sino existiera la violencia.

La violencia y la paz deben ser analizadas a la luz de la complejidad, para estudiar desde un planteamiento holístico, sistémico, interdependiente que permita encontrar nuevas rutas de análisis de las problemáticas que se viven de dicho binomio en esta posmodernidad y en el marco de la estructura económica y política que se vive y que hoy nos interpela a encontrar su dimensión no solo en el contexto sino en el territorio y la comunidad.

En este sentido, el contexto (también el territorio y la comunidad) permite centrar el problema desde el análisis de la globalidad, el mercado y el patriarcado, las crisis y las ideologías que influyen directamente en el comportamiento de los individuos para someter, controlar y disciplinar los cuerpos a partir del ser, del saber, del poder y la naturaleza. Así la revisión conceptual de violencia nos lleva no solo a pensar en su posición de asimetría de poder, sino también de contemplarla como una explosión en el manejo emocional, pero que implica consecuencias en el desarrollo humano, moral, ético y de atentar contra la dignidad humana, así como en la violación de los derechos humanos, libertades y la participación social.

Por ello, la importancia de pensar no solo en la violencia física o directa, que sí se ve, sino en aquella violencia que no se ve, como la estructural y cultural a la que se refiere Johan Galtung. La violencia de conformidad con la Convención de Belém Do Para, puede ser pública, privada e institucional y yo agregaría la violencia contra la naturaleza por la crisis del conocimiento y el hiperconsumo y hedonismo y desde luego la violencia simbólica a la que hace referencia Pierre Bordiú.

La violencia y la manera de analizarla puede ser en continuum, circular, el triángulo de la violencia, la violencia de estatus y contrato, además de las que expresan Gaetano Mosca, o bien Enrique Leff, y Leonardo Boff, relacionada con la naturaleza, el conocimiento, o bien los cuidados de la tierra; hoy los contenidos educativos plantean la sostenibilidad, para hacerlo debemos alejar la violencia en contra de la naturaleza, de ahí la importancia de hablar de la violencia que comete el hombre en contra de la naturaleza, es decir impulsar la Paz Gaia.

Para la atención de la paz, debemos de analizar su origen y las epistemologías desde donde se realizan los estudios de la paz, es decir, ya desde las posiciones de Martínez Guzmán, o bien de Jean Piaget, de Johan Galtung, Francisco Jiménez o bien de la posición que aporta Gerardo A. Herrera a las categorías de la cartografía de la paz.  

La paz es un proceso lento y laborioso, pero es real, conocemos de diversos espacios donde nunca se ha cometido un asesinato, un robo, o un acto que pudiera poner en riesgo la estabilidad comunitaria; hemos visto algunas comunidades en su comportamiento como abordan el problema de la violencia y privilegian el sentido de la responsabilidad y el respeto al otro, resignificando el contenido de la paz, no solo como ausencia de violencia, sino como, capacidad de resolver sus problemáticas o conflictos en equilibrio, en equidad, en justicia, dando a cada quien lo que le corresponde.

Para 1945, después de la Primera y Segunda Guerra Mundial, era importante un nuevo modelo internacional de las relaciones entre los pueblos, para ello, se firmó la Carta de la ONU, en cuyos dos pilares aparecían la paz y el desarrollo, binomio fundamental para impulsar la convivencia entre los pueblos del mundo y que permitiera el desarrollo de los pueblos.

En los años cincuenta del siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial,  algunos teóricos (principalmente Johan Galtung) introducen un nuevo concepto a las estructuras de la violencia, que no se había considerado, salvo la violencia directa (número de muertos, de robos, de asaltos, de armas, de bajas de militares), propone un nuevo paradigma, y con ello, un giro de la revisión de la violencia, es decir,  la violencia estructural  (la desigualdad social, la precariedad, la injusticia social) y la violencia cultural (la opresión en que viven sectores de la población basados en la invisibilidad, el estigma, el prejuicio, la opresión, la violencia, la exclusión, la discriminación y la muerte); pero adicionalmente se introducen los conceptos de paces, que hace más dinámica la interpretación del concepto y da un giro epistemológico en la interpretación y la investigación de la paz, ahora se habla de la paz negativa, positiva y neutra articulada a la violencia directa, estructural y cultural y simbólica respecto de la infraestructura, estructura y superestructura, con ello, se permite analizar la realidad con mayor riqueza de matices, a la que se le llama cartografía de la Paz,  por lo cual se introducen la paz social, Gaia, e interna, así como la multicultural, intercultural, y transcultural,  y desde luego la paz vulnerable, sostenible y resiliente, posicionamiento redefinido por Francisco Jiménez, al que quien esto escribe añade la paz dialógica, la paz de la aldea global, y la paz espiritual.

Es importante incidir con el conocimiento de  las paces en los centros de trabajo, pero en tratándose de los marcos ideológicos de la superestructura donde se localiza la educación y donde se forma el sujeto social en la paz neutra, es fundamental la formación e información que tengan la niñez en la educación, para ello, habremos de avanzar significativamente en hacer que:  los espacios escolares cubran sus necesidades de infraestructura, pero también el fortalecimiento al trabajo para el uso de las tecnologías de la información y la comunicación y desde luego las TAC; reconocer el valor de la paz, para regular los conflictos; avanzar en la revisión del lenguaje y como se comprende la paz en el espacio donde laboramos; impulsar procesos de cohesión social dentro del espacio escolar con enfoque de mantener la confianza y respeto con las unidades familiares; mantener el respeto con el medio ambiente, es decir la espiritualidad; avanzar en los contenidos para la negociación y el diálogo para la contención de los conflictos.