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DEBATAMOS MICHOACÁN: Agresión, odio, crimen

Pero, hablar de violencia, agresión y agresividad es lo mismo, son palabras sinónimas, o tienen diferencia conceptual, su génesis cuál es. (Foto: especial)

Entre los componentes del crimen de odio por homofobia, está la violencia, una violencia desmedida, descontrolada que permite atacar a los cuerpos para exhibirlos públicamente; narrativas desde la sociedad civil expresan que son cometidos con odio. Desde dicha posición del poder, es importante plantearnos qué es la violencia, y si ésta es biológica o social, y sí es social como se utiliza el poder contra los cuerpos que son dominados o subordinados, pero también denominados y dominados como expresa Michel Foucault.

Pero, hablar de violencia, agresión y agresividad es lo mismo, son palabras sinónimas, o tienen diferencia conceptual, su génesis cuál es.

Aunque párrafos adelante lo precisaremos, la violencia es una manifestación cultural propia del ser humano, la misma, es aprendida y transmitida, de manera inconsciente, y al parecer de generación en generación; algunas narrativas de padres de familia, que expresan a sus hijos que “no busquen pleitos, pero si les pegan, peguen, enfrenten”.

Con respecto a la agresión, diremos que, los animales se defienden para cuidar de su alimentación, en ocasiones almacenada, o bien, de su hembra, o de su macho para copular, o son territoriales; en el caso del ser humano, y bajo lo que vivimos en estos tiempos posmodernos, como lo menciona Sayak Valencia, en Capitalismo gore, la necropolítica define quien vive y quien debe morir, es decir, hoy se práctica la crueldad (entambados, encajuelados, descuartizados, encobijados, en bolsas negras, destazados, descabezados, desmembrados, torturados y con tiro de gracias, desorejados, mocha dedos) entre los miembros del género humano.

Cuando se revisa la posición que genera un animal que actúa por instinto y un ser humano, que igualmente puede defender sus pertenencias y pareja, el ser humano, disfruta de practicar la crueldad sobre otro humano, o bien, sobre el cuerpo de un animal; sin embargo, atribuimos los conceptos de brutal, salvaje, y propios de animales, a los actos de crueldad practicados por el hombre.

Las prácticas de tortura tan sólo son conocidas, de forma universal, y son ejercidos por el hombre. ”Esta violencia cultural se apoya en buena medida en una característica natural que es propia no sólo del hombre sino del reino animal; en general, nos referimos a la “agresividad”, la cual se puede entender como un elemento consustancial de todos los animales y consecuentemente instintiva, enfocada hacia la supervivencia en un primer momento, y hacia la mejora de la calidad de vida, posteriormente”.

Por ello, no sería conveniente hablar de violencia cuando nos referimos a comportamientos de animales que no sean humanos, si consideramos que es una característica del humano.

Al revisar las posiciones teóricas, encontramos que Pedro Gómez Bosque propone dos posiciones respecto de la agresión y la agresividad: Primero, la agresión como concepto, es un comportamiento manifiesto contra la vida y los bienes de una persona o grupo social, o una sociedad.  

Segundo, agresividad como acto, es la actitud que siente una persona o un colectivo de humanos a desarrollar actos violentos; puede también considerarse como un potencial agresivo de esa persona o de ese constructo social.  

La violencia ha sido estudiada desde diversos enfoques y áreas del conocimiento, ello, ha permitido impulsar nuevas formas de comprender la diversidad de violencias, los lugares dónde se cometen, las escalas de dichos actos, los ámbitos, así como las cuestiones económicas y políticas y la manera en que se generan.

Así tenemos que, hablando de escalas como lo menciona Jiménez Francisco, puede ser micro (entre dos, entre familias), meso (entre comunidades), macro o mega (entre países), en donde se permea regularmente las cuestiones políticas, económicas o del poder.

Por otro lado, los ámbitos en los que se da puede ser los individuos conocidos o no, las familias, entre familias, los grupos sociales (como quienes expresan la defensa del matrimonio igualitario versus el matrimonio natural, las instituciones incluso, y seguramente las civilizaciones en los inicios de la humanidad, pero en el periodo de la civilización.

Bien es sabido que la violencia se manifiesta en las guerras, en estos momentos que escribo este Debatamos Michoacán, la guerra entre Ucrania y Rusia, pese a estar en el siglo XXI, y está sustentada en los ejércitos de un país y otros y los apoyos que reciben de diversos aliados para el impulso de la guerra. Quienes se encuentran en el ejército son hombres principalmente, pero también mujeres que tienen obediencia castrense, y que viven en proceso de jerarquización y que cumplen instrucciones sin cuestionar absolutamente nada, es decir posiciones absolutistas.

Pero la violencia también se genera por la concentración de los recursos desde la economía; durante la historia, por la forma en que fueron explotados los recursos durante la colonia y hoy también en procesos neocoloniales, que han generado un saqueo permanente de materias primas del bosque, de minerales y de los océanos, generando una estela de explotación, y marginación de las poblaciones originarias que observan como son saqueados sus recursos.

Pero también en la política se puede ver la violencia que se vive, incluso, se considera ya los marcos normativos de la violencia política de género; en este sentido la participación hegemónica de los partidos políticos que hacen totalitarismo como el caso de Morena, que en este año ya gobernará en 20 entidades del País de 32 Estados federados; igualmente la exclusión de los ciudadanos en la toma de decisiones, y hoy por hoy, el ambiente permanente, de considerar que el crimen organizado se suma a la lucha por el poder.  

Por lo que ve a la violencia en las ideologías nos podemos dar cuenta que, existe la violencia en la manera en cómo se manipulan las ideas, la existencia simbolismo como expresa Pierre Bourdieu, pero también la forma de presentar una verdad a medias, o simplemente no presentarla, los medios de comunicación presentan imágenes violentas que legitiman la realidad social y las causas por las que se lucha. También se llegan a dar actos de racismo, clasismo, sexismo y generismo.

En este sentido, también se vive violencia en la familia, tanto  por los mandatos de masculinidad y potencia a los que se refiere Rita Segato y los mandatos de obediencia a los que se refiere a las mujeres, actos que disciplinan, someten y controlan a los miembros de la familia.

Pero igualmente se genera violencia en la escuela, a través de los modelos pedagógicos que permiten la recreación de los modelos ideológicos de Estado como lo expresa Louis Althusser, cuando dichas pedagogías no son liberadoras, o críticas, autoritarias, castigos psicológicos, aunque aún observamos castigos corporales, intransigencia de las autoridades y de los padres de familia en ocasiones, pero también desobediencias.

Desde la cultura, nos encontramos con las ideologías y opresiones que constituyen una permanente violencia al invisibilizar, estigmatiza, prejuicios, violencia, exclusión, discriminación, en ocasiones muerte, acompañados de misoginia, machismo, racismo, xenofobia, etnocentrismo, androcentrismo, homofobia y otros fobiaslgbtttiqnb+, y bueno después de la Segunda Guerra Mundial el consumismo y ahora el hiperconsumismo, que nos hace hedonistas, narcisistas, en búsqueda del lujo y el placer.

Para una aproximación del concepto de violencia, atiendo a lo que Johan Galtung y Francisco Jiménez, nos comparten; el ser humano es conflictivo por naturaleza, pero su condición de paz o bien de violencia es totalmente cultural, se aprende. Es decir, la violencia del ser humanos no se localiza ni en los genes, tampoco en las hormonas, es más bien localizado en su ambiente, en cómo se construye la sociedad, de forma que la biología resulta ser insuficiente para identificar o bien, explicar la violencia.

Nadie es pacífico por naturaleza, es decir, la agresión, el conflicto, es inevitable, pero considero que la violencia por ser un constructo social, puede ser deconstruida, a través de procesos educativos, formativos en la transformación (sustentados en los cuatro pilares de la educación del siglo XXI de la UNESCO). Para Johan Galtung, ofrece una perspectiva interesante sobre un acto violento, el expresa que un acto violento implica tanto el cuerpo, como la mente, en donde se presenta la agresión y la agresividad, no así un acto de paz o pacífico, en donde el cuerpo y la mente emergen del amor y la compasión, la comprensión, la asertividad, el compromiso, la felicidad.

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