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Toros y maltrato animal

La búsqueda de la prohibición de las corridas de toros lleva muchos años en prácticamente todos países donde en algún momento dicho espectáculo era cosa común. (Foto: especial)

El tema no es nuevo; la búsqueda de la prohibición de las corridas de toros lleva muchos años en prácticamente todos países donde en algún momento dicho espectáculo era cosa común. Los tiempos cambian, las sociedades evolucionan y es por eso que muchos usos y costumbres ya han desaparecido por ser reliquias anacrónicas de épocas primitivas, donde la esclavitud no solo era legal sino bien vista, donde las ejecuciones por pena de muerte eran concurridos espectáculos públicos y las penas con mutilaciones corporales para los delincuentes eran cosa normal.

Pero el asunto no siempre es sencillo, algunas costumbres, incluso aquellas a las que el común de las personas consideraría salvajes, están fuertemente arraigadas en la psique de algunos pueblos, es el caso de la tradición hindú del SATI, misma que impone que las viudas se inmolen cuando su esposo muere. Según esta costumbre, a la muerte del esposo la vida de la mujer ya no tiene sentido. Y el asunto no es algo de tiempos remotos, pues en el muy reciente 2007 en Rajastán, India fueron necesarios más de 500 policías para impedir la inmolación de una viuda, según refiere el diario EL PAÍS.

A estas alturas no existe un solo argumento racional para defender un espectáculo de tortura y muerte de un ser vivo tan solo para diversión de un grupo de personas. Razones para prohibir semejante aberración sobran, van algunas, quizá las más fáciles de entender, sin ahondar en las motivaciones psiquiátricas de la mayoría de aquellos que se divierten y gozan viendo la tortura de un toro en el ruedo a manos de un individuo vestido como una Drag Queen.

Lo primero que esgrime un defensor de las corridas de toros es que dicho espectáculo es un “deporte”, verdadera insensatez pues de ninguna manera ese ritual cumple los requisitos para ser considerado un deporte. De entrada no hay una competencia entre iguales.

La segunda afirmación es una verdadera tontería, “Los toros son una tradición, y las tradiciones hay que mantenerlas” ¿Desde cuándo las apologías a la tortura y la muerte son dignas conservarse? ¿Existe alguna justificación para la “tradicional” mutilación genital femenina, bestialidad presente en algunos países musulmanes, sobre todo en las comunidades kurdas?

Otra afirmación absurda “las corridas de toros son un arte”. Pues sí, tanto como la tortura también puede ser considerada una arte. O el canibalismo ser etiquetado como “gastronomía”. Pero nada justifica su existencia. Las razones son obvias.

Otra tontería que no se sostiene por ningún lado “el toro muere dignamente” ¿A juicio de quién? ¿Del dueño de la ganadería? ¿Del torero que en muchos casos con trabajos tiene una instrucción elemental? ¿A juicio del que vende los boletos? Como ocurrencia es malita.

Otros, que pretenden hacernos creer que están enterados de lo que hablan nos dicen “Los toros son cultura” Pero en 1980, la UNESCO, máxima autoridad mundial en materia de cultura, emitió su opinión al respecto: “La tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y a los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la ciencia y la cultura“.

Otros afirman “Sin corridas no habría toro bravo, éste desaparecería” Vamos por partes, el toro es un animal herbívoro; no es bravo sino en las luchas territoriales, en la lucha por la reproducción y en situaciones de peligro. El toro es artificialmente manipulado para que responda de manera agresiva al torero. La casta brava de los toros ha sido genéticamente manipulada por el hombre para que sus ejemplares sean agresivos, tal como se han manipulado los ganados lecheros o de carne. No significa el fin de los toros, porque toros bravos seguirían existiendo

Quizá la mayor tontería de los defensores de la tauromaquia es la demencial afirmación “El toro no sufre”. En realidad, el toro es un animal con un sistema nervioso completo y complejo. Claro que siente, que sufre, y que no termina de comprender que rayos hace encerrado con otro animal que lo maltrata.

La ultima razón que citaré es de una insensatez sublime “el que quiera ver los toros que los vea, el que no que se vaya”. Con semejante “razonamiento” se podría decir lo mismo de la pedofilia: el que quiera hacerlo que lo haga, los otros, que miren hacia otro lado y sigan su vida. Nadie en su sano juicio esgrimiría semejante argumento.

Recordemos; ningún animal mata por placer, sino siempre para sobrevivir; en cambio, el humano es el único que puede matar por placer, dejando atrás a una presa muerta. El individuo con un predominio de instintos sádicos goza con el sentimiento de poder. Por cierto, ese tipo de personas, los que gozan maltratando o matando animales son personas comparten una historia de castigo parental, abandono, y rechazo. Está suficientemente establecido, es incluso un criterio firme de instituciones policíacas como el FBI, la existencia de una tríada constituida por el abuso físico por parte de los padres, crueldad hacia los animales, y violencia hacia las personas como un criterio predictivo para futuros delincuentes.

Por todo lo anterior y por lo que me faltó, las corridas de toros deben desaparecer.

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