URBANÓPOLIS: ¿Y si consumiéramos menos?

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Lo acontecido con la pandemia, hace apenas menos de un año, demostró la relevancia del consumo en el modelo de desarrollo capitalista predominante en el mundo. Ante la emergencia sanitaria, cuando se presentó el confinamiento en casa y se obligó a la suspensión de muchas de las actividades, se propició una disminución drástica del consumo; dejamos de comprar, de acudir a sitios de esparcimiento y recreo, de vacacionar, etc. Como consecuencia en la disminución del consumo, la producción disminuyó, incluso fábricas y empresas cerraron sus puertas, hubo desempleo y disminución del ingreso en millones de hogares. Se puede afirmar que por “un momento” se interrumpió la maquinaria sobre la que se fundamenta el desarrollo económico de gran parte del mundo: extracción de recursos naturales-producción de servicios y productos-consumo-desecho y basura. En este marco se presenta la siguiente reflexión:

Nadie puede ignorar que nos enfrentamos a una crisis climática que hemos provocado todos los seres humanos como consecuencia de nuestro modelo de desarrollo, nuestra capacidad para utilizar, usar, abusar de la naturaleza en nuestro beneficio económico e inmediato. Las manifestaciones de un modelo de desarrollo basado en una lógica de beneficio económico se pueden observar en la dimensión ecológica ambiental, en la desigualdad social existente y, más aún, en la pobreza y riqueza extrema que se ha generado.

Pese a lo anterior, las autoridades en gran parte del mundo insisten en considerar que debe mantenerse un constante crecimiento, un crecimiento ilimitado pese a que nuestro mundo es limitado. La lógica del capitalismo es la obtención continuada de beneficios económicos, que propician la acumulación a grado tal, que en la actualidad algunas personas concentran más recursos que los de un país.

El motor principal que impulsa ese crecimiento ilimitado es el consumo, por esta razón se hace todo por garantizar un consumo continuo, se utiliza la obsolescencia programada, se otorgan facilidades para consumir a través de un crédito o plazo, se nos manipula a través de la publicidad para otorgarle valores a las cosas y pretender que con adquirirlas logramos ser mejores personas o más exitosas.

Se ha demostrado por innumerables estudios que el crecimiento económico medido a través del Producto Interno Bruto (PIB) no es sinónimo de empleo, ni de bienestar, mucho menos de felicidad. El resultado es simple: El crecimiento económico ha originado una serie de problemas socio-ambientales del planeta y, por lo tanto, resulta impensable sean solucionados bajo la misma lógica económica.

Las propuestas para afrontar la crisis climática que hemos generado son múltiples y muy diversas, van desde considerar que el uso de tecnologías denominadas “limpias”
permitirá reducir la contaminación. Otras propuestas van en sentido de lo que se ha venido a denominar como de eficiencia ecología, donde se busca no consumir menos, sino consumir con menores impactos o, al menos, con una conciencia “tranquila”, algo así como “hacer más con menos”, ser más eficiente en el uso de materias y energía sin mermar el crecimiento económico. Incluso algunos, erróneamente consideran a esto lograr hacer “sostenible” la producción y el consumo.

Una de las propuestas más difundidas es la denominada “Teoría del Decrecimiento”, que constituye un pensamiento político, económico y social que considera que la disminución regular y controlada de la producción económica permitiría establecer una nueva relación de equilibrio entre la humanidad y la naturaleza, aunque para esto sea necesario también establecer una nueva relación entre los seres humanos.

De acuerdo con esta teoría, lograr la conservación del medio ambiente solo será posible si se reduce la producción económica, para disminuir los recursos naturales y la destrucción del medio. En otras palabras, propone “vivir mejor con menos”.

La Teoría del Decrecimiento propone una disminución del consumo y la producción controlada y racional (muy distinta a la presentada durante la pandemia), con respeto al clima, a los ecosistemas y sobre todo a los propios seres humanos. Esto se propone lograr como una especie de transición a una situación de recursos limitados.

Como se mencionó, existen varias propuestas para afrontar la crisis ambiental, sin embargo, se requiere de tiempo para lograr su instrumentación, y más aún para ver sus beneficios. El asunto es que el Cambio Climático no se detiene, y el tiempo está en nuestra contra. La mayor enseñanza que podemos tener de la dolorosa pandemia por la que atravesamos, es darnos cuenta que las decisiones personales y familiares por dejar de consumir un producto o un servicio, sí hacen la diferencia cuando se trata de miles o millones de decisiones individuales juntas y en el mismo sentido. Analicemos nuestros consumos y decidamos cómo disminuirlos en beneficio de nosotros mismos y de todos los que habitamos éste nuestro único planeta.