DEBATAMOS MICHOACÁN: El poder sobre el cuerpo

158
En la historia de la humanidad, ha sido necesario el control de los cuerpos humanos para la construcción de modelos sociales. (Foto: especial)

En la historia de la humanidad, ha sido necesario el control de los cuerpos humanos para la construcción de modelos sociales que responden a necesidades políticas, sociales y económicas que refuercen el poder. La existencia de un método para controlar, disciplinar y regular el cuerpo, así como la sociedad han sido elementos fundamentales para la existencia y permanencia del poder; planteamientos que encuadro en las posiciones teóricas de Foucault y Lipovetzky, pero también en Boff, Leff y otros.

Así, en la Edad Media, fue necesaria la consolidación de la religión cristiana y sus mecanismos de confesión del pecado para el control del cuerpo; así, se controlaron todas aquellas manifestaciones opuestas cometidas por actos externos, o bien pensamientos, creencias e intenciones que ofendieran a Dios, como ejemplo la apostasía, la idolatría, la lujuria y la avaricia, las relaciones sexuales fueron perseguidas cuando no eran reproductivas.

La existencia de un sacerdote que escuchó los pecados y preguntó sobre éstos, que además definió la penitencia y en su momento también la absolución de los pecados, fue el mecanismo que ejerció la Iglesia sobre el control de los cuerpos.  Es una cuestión moral que se ha venido precisando sobre el control de las personas.

Más tarde, en el periodo de la ilustración y con nuevos discursos sustentados en la igualdad y la libertad, se dieron nuevos mecanismos de sometimiento de los cuerpos y la sociedad. Entre los primeros mecanismos, estuvo el correspondiente a la disciplina y definición de los deberes de los cuerpos (siglo XVII y principios del siglo XVIII), ahí se utilizaron como medios de control la familia, la escuela, el hospital, el cuartel, el taller, entre otros medios para el control del cuerpo

 A mediados del siglo XVIII, se da otro mecanismo, ya no sobre el cuerpo, sino sobre la sociedad, surge así, la regulación de la sociedad, mediante sus procesos biológicos; tanto de disciplina del cuerpo en lo individual, como de manera genérica para la sociedad, así se dan mecanismos de regulación de la fecundidad, de los accidentes, de la atención a la salud, a las enfermedades, y se crean las instituciones médicas y otros mecanismos de atención.

En la etapa de la Posmodernidad, los cuerpos ya no son controlados por la fe ni por los deberes. Surge la ética aún débil y mínima, sin obligación y sin sanción; el control de los cuerpos se da mediante la ética, mediante las relaciones morales entre los miembros de la colectividad, esto es, hacer el bien o el mal. Se desarrolla así el posmoralismo y plantea repudio al deber y acepta los derechos individuales a la autonomía, deseo y felicidad.

El posdeber en la sociedad posmoralista, se plantea fragmentar y hacer duales las democracias, organizando y generando caos: por un lado, integra, por el otro excluye; más autovigilancia contra más autodestrucción; horror a la delincuencia y trivialización de la delincuencia. Abraza la igualdad, pero en la práctica no la instrumenta, todos iguales ante la ley, pero no ante las oportunidades.

El individualismo gana en todas partes y toma dos rostros radicales: integrado y autónomo para muchos, sin porvenir para nuevas minorías.

La Etapa de la Posmodernidad, nos plantea un nuevo paradigma discursivo; por un lado, cayeron los grandes discursos: Socialismo, Capitalismo y el Cristianismo, toda vez que no habían cumplido con sus planteamientos tanto de satisfacción social y de la libertad, como de la resurrección. Nuevos discursos invadieron la escena pública después de la Segunda Guerra Mundial para dar respuesta a las necesidades sociales de la población, un nuevo mecanismo de regulación de masas estaba asentándose.

Dichos discursos estuvieron ligados a las nuevas necesidades que tenía el Capitalismo Histórico para su transformación, para ello, era necesario abrir nuevos cauces y enfoques que permitieran su apertura y consolidación. Entre los nuevos discursos que se abanderan por diversas instancias no gubernamentales se encuentran los relacionados con el discurso de la diversidad sexual, el género, la paz, el desarrollo, el medio ambiente, la meritocracia, la participación política de la mujer, entre otros temas de interés social, pero que daban amplia apertura para la organización, desarrollo y enfoque del Capitalismo Histórico.

En la Posmodernidad nos comparte Lipovetsky, a través de sus textos La era del vacío, El crepúsculo y la Felicidad paradójica, crear una nueva cultura democrática, esta nueva cultura permitió la liberación del individuo, ejercitando una soberanía y una voluntad absoluta para el placer, goce y disfrute, a través de la seducción, el hedonismo, el narcisismo, que lleva a la población a la hiperindividualidad, y la hiperlibertad de tomar decisiones.

Este proceso de sociedades de consumo moderno se dio entre 1880 y 1980, creando así tres fases del capitalismo de consumo; la primera fase se registra de 1880 a 1939 al concluir la Segunda Guerra Mundial con una producción masiva de productos, grandes compañías de publicidad, nuevas marcas, distribución masiva de productos, nueva filosofía comercial, precios bajos, facilitó el individualismo, y el consumo entra en un proceso de cambio, ahora existe un individualismo optativo.

El segundo periodo o fase es de 1950 a 1970, se genera la sociedad de consumo masivo y la democratización generalizada en dicho consumo, todos pueden acceder a productos, marcas y diseños.

Finalmente, el tercer periodo inicia en los años ochenta, con una diversidad de artículos para el consumo que genera hiperindividualidad, e hiperlibertad del sujeto social, mismo que está anclado a la seducción que hace la publicidad para generar hedonismo, así como narcisismo y el consumo de marcas.

En este nuevo modelo de sociedad de hiperconsumo, que promueve la hiperindividualidad, e hiperlibertad del sujeto social lo que importa es el consumo más allá de los discursos de la diversidad sexual, el género, la paz, el desarrollo, el medio ambiente, la meritocracia, la bioética, la participación política de la mujer, entre otros temas de interés social; lo que interesa al mercado es la creación o producción del hombre económico, pero no del hombre social

También en esta etapa de la Posmodernidad, el discurso tendiente al medio ambiente, a las cuestiones ecológicas y hoy también a la cuestión de la ecoeducación, aún no se forma una conciencia social que aterrice la problemática a través de las tres ecologías: el medio ambiental, la social y la mental, es decir, las problemáticas que se viven no se pueden ver aisladas, sino interdependientes y sistémicas.

Los primeros decenios del siglo pasado, apostaron por fomentar: el empleo, la producción y el consumo de masas, a través de una política Keynesiana de inversiones públicas, grandes infraestructuras y dominio de los recursos naturales.

En este contexto después de la Segunda Guerra Mundial, el Plan Marshall, como un claro ejemplo de este proceso, busca favorecer la reconstrucción material y la entrada de Europa en la segunda revolución industrial a través de una visión caracterizada por una producción y consumo de masas.

A partir de los años sesenta del siglo XX, el ecologismo se interroga sobre el “progresismo”, como postulado no criticado y como legitimación, casi tautológica, de la conducta de las sociedades industriales modernas.

Al introducirse el concepto de Supervivencia humana, la ecología política desarrolla un análisis crítico del funcionamiento y de los valores de nuestras sociedades industriales y de la cultura occidental y con ello da paso al nacimiento a un posicionamiento holístico y coherente, al criticar al industrialismo y a la modernidad que plantea superar una visión romántica de la naturaleza y la cosmovisión cartesiana y determinista.

A diferencia de los enfoques conservacionistas, el término supervivencia introduce el sentimiento de crisis, de temporalidad, y la concepción del ser humano como parte integrante de la biosfera.

1968 marcó un punto de inflexión, un momento crítico, en diferentes partes del mundo, las revueltas juveniles se componen de una masa heterogénea de perfiles sociológicos donde conviven pacifistas, feministas, artistas, libertarios, medioambientalistas o autogestionarios en contra de la cultura del progreso limitado, consumista, jerárquico y patriarcal.  En esta diversidad de discursos de los nuevos movimientos sociales destacan los militantes que redescubren el mundo rural que vinculan los términos ecología y comunidad e inician un retorno a la tierra con prácticas y técnicas alternativas.

Después de 1968, la conciencia ecológica se reforzará aún más a través de varios acontecimientos: catástrofes ecológicas difundidas por los nuevos medios de comunicación de masas, como la televisión. Derrames petroleros en los océanos, catástrofe de Chernóbil y hoy Tsunamis, Terremotos, deshielo de los cascos polares, entre otros temas medioambientales y de impacto a la biodiversidad.

La política de corte neoliberal aplicada a partir de los años ochenta del siglo XX, profundizan las crisis ecológicas y sociales y no permiten vislumbrar con facilidad una posibilidad de un capitalismo verde.

Hoy vivimos en crisis medioambiental, social, subjetiva, de salud, de educación, financiera, pero también, vivimos en la crisis del miedo. Para Leonardo Boff, necesitamos cuidar la vida a través de cuatro ecologías ambiental, social, mental, integral, con ello, convoca a modificar nuestras formas de organización y consumo, convoca a construir bajo otro enfoque una mayor participación y respeto con respecto a la naturaleza.

Pero desde hace dos décadas nos convocan a trabajar en la Carta de la Tierra, un documento ético, que construye bajo un enfoque de simbiosofía, de unicidad para el cuidado, el respeto y la sostenibilidad de la humanidad en la tierra.

Hoy por hoy eduquemos en una ciudadanía planetaria, en los valores humanistas, con la convivencia, en una calidad de vida sostenible, eduquemos en el sentipensar.