URBANÓPOLIS: La sustentabilidad va caminando

Ilustración | Salvador García Espinosa

Hoy en día resulta inevitable hablar de la sustentabilidad urbana, pues, aunque para muchas personas se considere inalcanzable, constituye un referente que sirve de “norte” para el diseño de políticas, acciones e inversiones en torno a la ciudad. El sustento queda de manifiesto si se menciona que, del total de 169 metas planteadas en los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible, el 65%, es decir, el cumplimiento de 109 metas depende de aspectos que se vinculan con la ciudad o el territorio.

Bajo este marco, el cuestionamiento resulta inevitable: ¿Qué se debe entender por sustentabilidad urbana? El concepto de sustentabilidad nace de la crisis planetaria derivada de las desigualdades entre los objetivos económicos, sociales y ambientales. De aquí que, el referente ineludible y más conocido sea el establecido por la ONU en el multicitado informe Brundtland, donde se indica que la sustentabilidad se logra con la articulación en equilibro de estos tres ámbitos: el social, económico y ecológico.

En este sentido, si se considera que hoy en día la habitabilidad se ubica como la meta del bienestar social, la riqueza y acumulación como el objetivo del desarrollo económico y el suministro de recursos naturales al ámbito ecológico, la propuesta del equilibrio plateada debe entenderse que lo relevante resulta ser la relación de los tres ámbitos señalados, que obliga a una interacción bajo lógicas distintas a las predominantes.

En la búsqueda de establecer una lógica distinta a la predominante se estableció como principio entender al desarrollo sostenible como “aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias”.

Este principio es el que ha detonado una serie de innovaciones tecnológicas, con el objetivo de generar energías limpias, aprovechando los recursos naturales sin comprometer su disfrute para las generaciones futuras. Así, por ejemplo, hoy resulta totalmente accesible calentar el agua mediante el aprovechamiento de la luz solar, sin la necesidad de consumir gas o petróleo. Los casos de aprovechamiento de energía eólica, solar, así como el aprovechamiento de hidrogeno como combustible son cada vez más comunes.

De la misma forma, la construcción o desarrollo de las ciudades debe orientarse hacia tendencias más ambientalistas, no sólo por cuestiones de protección ambiental, sino por garantizar el entorno más adecuado para el desarrollo de la especie humana. Esto en realidad constituye un gran reto, pues es preciso cambiar la visión bajo la cual se diseñan las políticas urbanas que demanda procesos creativos locales que tengan en cuenta los contextos locales.

Nuestro referentes y ejemplos más cercanos a lo que consideramos ciudades sustentables son las ciudades europeas, y en buena medida esto puede atribuirse a que la sustentabilidad ambiental urbana comenzó como política en 1990 con el Libro verde sobre medio ambiente urbano, y posteriormente con la Carta de Aalborg en 1994, hasta llegar a los Informes sobre las ciudades sostenibles en 2005, lo relevante es que han demostrado que la sustentabilidad es un proceso, y que progresivamente se va concretizando para cada ciudad.

Para muchas de las ciudades mexicanas, uno de los principales retos para alcanzar la sustentabilidad lo constituye el cambio en la mentalidad de los gobernantes y de todos aquellos que tienen su cargo; hoy en día, las decisiones en la construcción de la ciudad del mañana y tal vez el aspecto más evidente ser el papel que le otorguemos al automóvil.

Hasta hace pocos años nadie hablaba de movilidad urbana, el tema de cómo las personas nos movemos en la ciudad no era relevante, por casi un siglo hemos diseñado las ciudades pensando que todos nos desplazamos en vehículo. La realidad nos ha demostrado que no es así, por el contrario, la dependencia del transporte público lo ubica como tema central en la ciudad, pues constituye una alternativa real para disminuir la dependencia al consumo de combustibles como la gasolina, a destinar amplias superficies de suelo a la circulación de autos, además de la disminución en la contaminación ambiental.

Si queremos tener una ciudad sustentable en el futuro próximo, dejemos de construir infraestructura gris, no promocionemos la ampliación de vialidades, ya no construyamos más distribuidores viales, modifiquemos la reglamentación para cambiar del criterio normativo de un “mínimo de cajones de estacionamiento” a un “máximo de cajones de estacionamiento”, todas las acciones que desincentiven el uso del automóvil resultan importantes hoy en día.

En el marco de la sustentabilidad urbana, una acción prioritaria, urgente e impostergable es la generación de un sistema de transporte público que constituye una alternativa real al uso del automóvil. No se trata de una concesión más que otorga el Gobierno del Estado para prestar un servicio a los ciudadanos, sino que debe conceptualizarse como un elemento fundamental de la estructura urbana de la futura ciudad sustentable.