Los desafíos del periodismo escrito

Existe una primicia que durante décadas ha sido motor de vida social en el periodismo, se le llama “El cuarto poder”. (Foto: especial)

Ni siquiera hay que pensar mucho, la libertad de prensa es un pilar fundamental de las sociedades democráticas, pero su alcance, limitaciones y peligros varían considerablemente en todo el mundo. En el caso del periodismo escrito, a nivel mundial, esta libertad ha sido históricamente una lucha constante, enfrentando desafíos que van desde la censura gubernamental hasta la intimidación y la violencia contra periodistas, violencia que puede llegar en no pocos casos a la eliminación física cuando los otros mecanismos de presión han fallado. “Plata o plomo”, se dice con cinismo.

El periodismo escrito en su forma moderna se consolidó con la invención de la imprenta en el siglo XV. Desde entonces, los periódicos y revistas han sido una fuente crucial de información y opinión pública. Pero no todo el camino ha sido fácil, a lo largo de la historia, el periodismo ha enfrentado desafíos significativos en su búsqueda de independencia.

La situación ha avanzado mucho desde esas épocas, pero a pesar de los avances en la protección de la libertad de prensa, muchos países continúan restringiendo el ejercicio pleno del periodismo. La censura gubernamental, las leyes restrictivas y la violencia contra periodistas son amenazas persistentes en diversas partes del mundo. Países como China, Rusia, Corea del Norte, Cuba y muchas partes de la América Latina se han destacado por su represión sistemática del periodismo independiente. En el caso concreto de México se puede agregar el férreo control que en su momento ejerció el Estado para la importación y distribución del papel periódico mediante una estructura llamada PIPSA (Productora e importadora de papel SA).

En México las empresas editoriales tenían frecuentemente grandes deudas básicamente debido a las alzas unilaterales de los monopolios del papel. Los editores exigieron al gobierno del entonces presidente de la República General Lázaro Cárdenas (1934-40) la libre importación de toda clase de papel para la impresión. Como respuesta el Estado inventó otra solución: decretó la fundación de un monopolio estatal, Productora e Importadora de Papel, Sociedad Anónima, PIPSA Una empresa que a la corta y a la larga se reveló como muy tóxica pues el Estado se reservaba, por decreto, a la de a fuerzas, el aprovisionamiento y distribución del papel destinado periódicos, lo entregaba básicamente a quien le diera la gana.

En esto de la censura y la represión el gobierno ha mostrado una gran imaginación, respaldada por su gran poder represivo mediante un “aparato de justicia” a su servicio. Aquí se incluye el acoso legal, auditorias, el cierre de medios de comunicación críticos, la detención arbitraria de periodistas, el asesinato de los mismos y la manipulación de la publicidad estatal para premiar a los medios afines y castigar a los críticos. Estas amenazas se dan en todo el mundo, y en esta lista México se encuentra en incomoda vecindad con Afganistán, Siria, Irán, Somalia y otros del África subsahariana.

Finalmente, la percepción de la credibilidad y confiabilidad de un determinado periódico puede variar según la región y las preferencias individuales. Es importante recordar que ningún medio de comunicación es completamente imparcial. Los lectores deben mantener un sentido crítico y buscar y cruzar la información en diversas fuentes para formar una imagen completa de los acontecimientos. Jamás creerle a un solo medio de comunicación, por cercano que sea a nuestras filias y fobias.

Ejercer un periodismo independiente y creíble tiene sus riesgos, y más en los Estados totalitarios o en aquellos que por diversas circunstancias sus estructuras están controladas por una camarilla de ignorantes, resentidos e intolerantes como es el caso que padecemos. Es innegable que nadie está obligado a lo imposible; si una empresa periodística considera que no puede ejercer su función con libertad y veracidad y no desea terminar convertida en un periódico al servicio de una determinada facción, sea del gobierno, de un partido político o del narco, lo mejor es desaparecer. Si un periodista considera que su vida vale más que la verdad, pues que se busque otro medio de ganarse el diario sustento. Ahora, que si lo que busca es dinero, del origen que sea, que archive su dignidad y se asuma como vocero del sistema.