Anuncio de desastre

En la cañada que baja de Villa Madero a la zona mezcalera de Etúcuaro se han expandido con velocidad extraordinaria los cultivos de aguacate a partir del cambio de uso de suelo. | Fotografía: Archivo

¿Cuál es el límite máximo al que puede llegar la expansión aguacatera y de frutillos, antes de que colapse el medio ambiente, la paz social y la economía?

Por lo menos durante los últimos 10 años se ha advertido, cada vez con mayor insistencia, sobre la cercanía de ese momento. Sin embargo, las predicciones sustentadas han sido tomadas como amarillismo periodístico o como fatalismo de coyuntura.

Como si los bosques michoacanos y sus aguas fueran infinitas se dejó actuar a las fuerzas ciegas del mercado, que aún ahora siguen tomando bosques y aguas para crear nuevas plantaciones. En ese proceso el estado de derecho fue cancelado de facto mientras se instalaban plantaciones.

 Ni las instituciones gubernamentales ni las empresas grandes y pequeñas se detuvieron a reflexionar sobre los límites sustentable de la expansión. Hasta la fecha no lo tienen previsto. Las ganancias les nublaron la vista y se dejaron llevar por una frenética carrera que avanza en línea de colisión contra la realidad.

De los tres ámbitos que supone la sustentabilidad el primero en quebrarse fue el ambiental con el abatimiento de bosques, ecosistemas y cuerpos de agua; le ha seguido con fuerza emergente la fractura de la cohesión social, las rebeliones por el agua y la protesta por el cambio de uso de suelo; y, como tercer elemento, la economía está adquiriendo tonos de fragilidad presente y anunciando riesgos para el futuro, ocasionados por la crisis ambiental y la pérdida de legitimidad social.

La realidad nos ha alcanzado y eso queda muy claro con las sequías recurrentes que han llegado para quedarse, alimentadas por acciones humanas irresponsables que alimentan el Calentamiento Global y el Cambio Climático.

La contradicción entre los usos de agua para cultivos y las necesidades de consumo humano ha pasado de la queja aislada al reclamo social activo. El punto más alto de esta contradicción se ha alcanzado en el municipio de Madero por el deterioro de la microcuenca Porúas – Etúcuaro – Curucupatzeo – Carácuaro, que ha derivado en su agotamiento por sequía extrema.

La presión social ha empujado al gobierno de Carácuaro a solicitar la intervención de Conagua para inhabilitar sistemas de bombeo que llevan agua a los cultivos aguacateros y de frutillas instalados en la sierra y planicies de Madero. Hasta la fecha este organismo federal ha realizado 5 operativos en los que ha retenido más de 50 equipos de bombeo.

La solicitud del gobierno de Carácuaro a Conagua fue atendida. Los ambientalistas y el gobierno de Madero durante años estuvieron pidiendo su intervención para atender las irregularidades que estaban secando a la microcuenca y clamando por la regulación de las hoyas concentradoras. Las última ocasión fue invitada a participar el 26 de abril en una reunión en la que estuvieron pequeños productores de frutillas y aguacate, autoridades municipales, Proam, Cofom, Comisión Nacional de Inteligencia y la Coordinación Regional para la Construcción de la Paz, en donde se tomaron acuerdos que debieron ser la ruta para atender la cuestión del agua, en un marco de diálogo y paz, sin embargo, no asistieron.

Los acuerdos del 26 de abril, pensados en la perspectiva de la paz social justa, bajo el principio de que el agua es de todos y para todos, que supone el derecho humano al agua y, también en segundo lugar, el derecho de los dueños de los sistemas productivos a generar ingresos, han sido rebasados.

Esta acción enérgica deja en lo inmediato sin agua a productores de aguacate, frutillas y cultivadores de agave mezcalero, pero a largo plazo de poco servirá porque la causa se deja intacta: el cambio de uso de suelo, la irregularidad de 850 hoyas ilegales y el deterioro ambiental progresivo de la microcuenca Porúas, Etúcuaro, Curucupatzeo, Nocupétaro.

No obstante, la acción realizada por el gobierno federal a través de la Conagua tiene la virtud de plantear un problema práctico crítico, que antes no se había planteado, y que ayudará a construir la vía para la regulación sustentable de estos sistemas. El hecho de dejarles sin agua significa que ¿la solución a la sequía y crisis ambiental es acabar con estos sistemas productivos? Y si esta es la vía en Madero, ¿quiere decir que esta será la vía para todo Michoacán? o ¿hay opciones intermedias que debieran explorarse?

Nos parece que la ruta es aplicar la perspectiva sustentable en la gestión de estos cultivos y de todo el desarrollo económico de Michoacán. Esta es la razón por la cual los acuerdos del 26 de abril establecieron que los productores aplicaran un esquema de usos de agua de 80/20, es decir, que del agua que estaban usando dejaran correr el 80 % y tomaran solo el 20 %, porque la intención no era matar los sistemas productivos que constituyen, guste o no, el sustento de la economía de Madero.

Es decir, debe pensarse en la perspectiva de la sustentabilidad, lograr los equilibrios necesarios entre los factores ambientales (conservación de bosques, cuidado de aguas y ecosistemas), los económicos (tipo y límites de los cultivos y prácticas productivas para que no rebasen y arrasen con la naturaleza), y los sociales (que se garantice la paz social, la gobernabilidad y la convivencia).

Además, la acción por sí sola ―dejar sin agua a los cultivos― no resolverá la cuestión de la sequía de los próximos años. Madero no tiene sistemas de almacenamiento público de aguas que garantice el consumo humano, que posibilite la ganadería, los cultivos, la acuacultura, o los huertos de aguacate y frutillos, para toda esta microcuenca. La gente sigue, como hace 150 años, dependiendo de los escurrimientos serranos y nada más.

Está visto que las hoyas concentradoras en manos de particulares no son la solución. Existe una hoya por cada 23 maderenses, y, sin embargo, la mayoría no tiene agua. Se construyen hasta 45 de estas estructuras por año y no con eso se ha resuelto el problema. Pero, además, como no están reguladas por la ley, seguirán construyéndose.

Más haría Conagua con planificar la construcción de 4 o más represas de agua de lluvia para asegurar el crecimiento económico de la zona. Más se haría por Madero, Carácuaro y Nocupétaro, si a través de una coordinación eficaz entre gobierno federal, estatal y municipal, se planifica la recuperación ambiental y con ello se diseña un plan de desarrollo de economía sustentable para toda la microcuenca, en beneficio de todos. De otra manera se condenará la economía de Madero a la muerte y a la pobreza de la cual sus pobladores legítimamente quieren salir. Se trata solamente de poner orden en los usos de agua conforme a un plan con beneficios para todos.