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21 de mayo…

Lázaro Cárdenas del Río. | Fotografía: Xuchitl Vázquez

El 21 de mayo de 1895 hace 129 años nació el General Lázaro Cárdenas del Río.

El 21 de mayo de 1971, hace 53 años falleció mi madre, María Concepción Zamacona.

El 21 de mayo de 1963 tuvimos que salir del país, pues la vida de mi padre era amenazada por defender los bosques, la propiedad comunal, el proyecto de Nación producto de la Revolución Mexicana.

Me enseñaron a no permitir se perdiera la memoria histórica, la memoria de las luchas de los pueblos, de nuestra nación.

Lo aprendí en la mesa familiar, en los viajes con mis padres, con mi padre principalmente. Lo aprendí al ver los ojos de los cientos de campesinos e indígenas que conocí en esos viajes, o que iban a la casa a buscar a mi padre, y me tocaba escuchar las vejaciones, los despojos de que eran objeto.

Por eso escribo esto, porque es importante no olvidar por qué y para que se ha luchado. Se luchaba por ideales, por el anhelo de cambiar este país. Para que hubiera justicia, por la igualdad, porque cesara la explotación irracional de los recursos naturales, por la soberanía, por la independencia económica y política, por la indignante miseria de los pueblos, la violencia reflejada en la tala de los bosques, en el despojo de sus tierras, en el hambre, en la desigualdad.

Estoy sumamente agradecida con la vida por el padre y la madre que tuve, porque ambos eran personas que luchaban por sus ideales, siempre congruentes, siempre amorosos. Ellos fueron mis principales maestros.

Nunca me impusieron nada, ni religión ni ideología, tan solo me enseñaron a ver, a pensar, a discernir.

El General Cárdenas y Natalio Vázquez Pallares tenían los mismos ideales y lucharon por ellos en diversas trincheras.

Desde pequeña, al ver cómo era el General, que hacía, que quería para México, como trataba a los indígenas, le quise mucho, le admiré y sobre toda me daba muchísimo gusto que existiera.

Porque desde muy pequeña, me di cuenta de que no todos eran como él; hombre que decía la verdad, que cumplía lo que decía.

Que amaba a México, su historia, sus luchas, que luchó contra el entreguismo, la ignorancia, la violencia.

Ambos, el General Cárdenas y Natalio Vázquez Pallares eran Revolucionarios.

Hay un párrafo de un artículo que escribió Natalio en octubre de 1976, que me encanta, porque dice sintética y muy claramente todo respecto a ellos dos, sus anhelos, sus ideales.

Dice: “ Somos revolucionarios; gente que piensa y siente, como lo sintió y pensó Lázaro Cárdenas, que es urgente , en México, un cambio estructural profundo en los ámbitos económico, social, cultural y político que, determinando los objetivos, los límites y los medios de una serie de etapas consecutivas e intermedias, nos conduzcan a establecer una nueva sociedad, donde se elimine definitivamente, la explotación del hombre por el hombre; una nueva sociedad donde un sector social no explote d al otro sector social; una sociedad, donde impere la igualdad, la libertad y la justicia. Y una nación dueña de su destino”.

Ciertamente es motivo de celebración la existencia del General Cárdenas, hombre lúcido, culto, comprometido cabalmente con las mejores causas no solo de México, sino de la humanidad.

El 21 de mayo de 1963 fue para mis ojos de una niña de 9 años, el ver la crudeza de la injusticia, de la inequidad, la falacia en el discurso oficial, vi claramente la violencia que ejercen los intereses políticos y económicos, contra quien osa cambiar las cosas, el statu quo, y/o decir la verdad.

 Me di cuenta de lo que realmente pasaba, cuando una noche llegó mi papá a darme un beso como siempre lo hacía, y me dijo nos teníamos que ir a otro país, pues de no irnos, lo matarían, y él quería seguir luchando por los bosques, por sus ideales, porque se hiciera justicia, quería seguir vivo con nosotras dos con él.

Yo había visto como él iba a la sierra, defendía los bosques, la propiedad comunal, y recuerdo como en dos ocasiones nos iban a matar. Mi padre era incomodo a los caciques y talamontes.

Era incomodo al poder.

Fue gracias a muchos campesinos, personas de las comunidades que se dieron cuenta y salieron a la carretera y evitaron asesinaran a Natalio Vázquez Pallares, y a mi madre y a mí con él.

Tenía yo siente y ocho años, fueron dos ocasiones, nunca lo olvidaré. No olvidaré como los de las comunidades, los indígenas, los verdaderos dueños del bosque nos cuidaban. Ellos nos cuidaban desde que veían el carro, y no piensen lectores que era ya llegando a la población, no. Desde muchos kilómetros antes, nos cuidaban, no se veían, pero ahí estaban, cuidando, como lo han hecho durante siglos.   Vi que el poder solo defiende sus intereses económicos y políticos.

Era parte de una embestida contra el proyecto de nación producto de la Revolución Mexicana.  Contra las ideas, contra los luchadores sociales.

Fue el General Cárdenas el que exigió al gobierno en turno se respetara la vida de Natalio Vázquez Pallares.

 Mi padre aceptó, pero el dijo a donde. Como siempre, había un por qué y para qué, decidió irse a Yugoeslavia, país que en ese momento luchaba por su soberanía y autodeterminación.

Imposible olvidar el 21 de mayo, toda su implicación en la historia.  Ciertamente la existencia, la lucha y congruencia del General Cárdenas, es de admirar y agradecer por siempre.

Hoy día ya no existen esos bosques frondosos, maravillosos. Estan los cerros pelones y obviamente en consecuencia no hay agua. Los lagos se secaron, la tierra esta árida, seca.

 Y aun así, a pesar de la enorme gravedad del cambio climático, se ven en las carreteras camiones de carga pesada con troncos enormes, de árboles centenarios, y nadie sanciona lo que se debe sancionar y sobre todo eliminar.

 Los hechos conforman la historia de los pueblos, las naciones y de los individuos.

 La impunidad y la violencia imperan. Se perdió el camino.

 Pertinente es el hacer un llamado a evitar el olvido.

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