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Elección de estado, de la manipulación a la represión

Claudia Sheinbaum celebró su triunfo electoral en el Zócalo capitalino. | Fotografía: EFE


En estos días hemos escuchado y leído repetidamente la frase “Elección de Estado”, una corta sentencia que se explica por sí misma, pero que en realidad encierra una serie de cuestiones, mecanismos, decisiones, requisitos, etcétera;  que vale la pena repasar para así hablar todos el mismo idioma.

En primer lugar, va una definición simplificada: Una “elección de estado” se refiere a un proceso electoral en el cual el gobierno en el poder utiliza todos los recursos y mecanismos del Estado para influir y controlar los resultados electorales a favor de ciertos candidatos o partidos. Este tipo de elecciones, aunque puedan mantener una cierta apariencia de legalidad y normalidad, están marcadas por prácticas profundamente antidemocráticas que socavan la equidad y la integridad del proceso electoral.

Ahora bien, ¿cómo se elabora y desarrolla una elección de Estado? El proceso inicia con la manipulación sistemática del marco legal y operativo del sistema electoral. Esto puede incluir la modificación de leyes electorales para favorecer al partido gobernante, el control de los órganos electorales, en el caso de México es la integración del Instituto Nacional Electoral (INE), la colocación de peones del poder en los puestos directivos que funcionarán como marionetas y no menos importante, la limitación del acceso de la oposición a los diversos medios de comunicación.

Algo básico es que, durante el desarrollo de la campaña electoral, el gobierno en funciones utiliza, sin traba alguna, recursos públicos para promover a su candidato, realiza propaganda gubernamental disfrazada de información oficial y despliega una campaña mediática en la cual la oposición tiene poca o ninguna representación. Un aspecto que en los últimos años ha resultado básico en nuestro país es que el Estado ha recurrido a diversas estructuras, no precisamente legales, para ejercer tácticas de intimidación, coacción y compra de votos para asegurar el apoyo de ciertos sectores del electorado.

Ahora bien, para que una elección de estado triunfe, el gobierno necesita cumplir con varios requisitos:
-Control Institucional: Dominio sobre las instituciones electorales y judiciales para manipular los resultados y desestimar o minimizar las denuncias de fraude.
-Monopolio Mediático: Control o influencia significativa sobre los principales medios de comunicación para moldear la opinión pública a favor del partido en el poder. Dicho de otra manera, es la compra de periodistas, analistas , panelistas etcétera para defender , avalar y justificar resultados, por aberrantes que sean.
-Recursos Financieros: Uso indiscriminado de los recursos del estado para financiar la campaña del candidato oficialista.
-Redes de Coacción: Despliegue de mecanismos de presión y control social, como el uso de fuerzas de seguridad y grupos de choque para intimidar a opositores y votantes.

Hasta aquí los mecanismos para desplegar una elección de estado, pero ¿qué consecuencias tiene para un país con una democracia incipiente la ejecución de una elección de Estado? Las enumero: Erosión de la confianza pública. Desestabilización política. Debilitamiento institucional y lo más grave, Marginalización de la oposición, se le reduce su presencia en los medios.

Surge una duda: ¿cómo se puede prevenir una elección de Estado? Algunas medidas son obvias, otras hay que aceptar que son francamente utópicas en el caso de México:

De entrada es fundamental contar con: Independencia institucional. Transparencia y supervisión internacional. Fortalecimiento de una sociedad civil activa y vigilante. Medios de comunicación libres e independientes que puedan ofrecer una cobertura equilibrada y crítica del proceso electoral; aunque esto último es ya no solo utópico, es virtualmente imposible en México, donde la dependencia de los grandes medios de comunicación con el Estado es enorme y muchas plumas están disponibles al mejor postor.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando los gobernantes deciden manipular de forma decidida y descarada el proceso electoral para imponer a un determinado candidato? Pues suceden cosas graves: Deslegitimación del Gobierno. Aumento de la represión. Estancamiento democrático. Desconfianza internacional que puede terminar en un aislamiento diplomático y finalmente puede estallar una crisis social ante la percepción de injusticia y la falta de representación; este último detalle es altamente improbable en México, y no por que la población esté “feliz, feliz” como afirma el C. Presidente, sino porque el conformismo es mayor de lo que se pensaba y las dádivas económicas pesan. Mientras reciban algunos billetes y el discurso oficial vindicativo embone con sus filias y fobias poco o nada cambiará.

Doble plus no bueno, diría Orwell.

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