DEBATAMOS MICHOACÁN: Dignidad humana

El concepto de dignidad humana ha evolucionado a través del tiempo. | Foto: Especial

El concepto de dignidad humana es una expresión ética. Tanto en nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como en otras constituciones latinoamericanas (la brasileña y la chilena), este concepto aparece expresamente en relación con el respeto absoluto que se le debe a la persona humana, es decir, a la igualdad sustantiva que le reconoce el Estado a la persona y en ello, los derechos y libertades.

En las ideas que comparto con ustedes, apreciables lectores, me gustaría abordar a dos teóricos que han realizado reflexiones sobre la dignidad humana: Kant y Habermas.

Algunos elementos de análisis, me permiten destacar que, en el Artículo 1 del “Preámbulo” de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) se afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. En general, el concepto de dignidad humana remite al valor único, insustituible e intransferible de toda persona humana, la igualdad sustantiva, con independencia de su situación económica y social, de la edad, del sexo, de la religión, etcétera, y al respeto absoluto que ella merece, en función de una dignidad ontológica (todos somos seres humanos), la dignidad ética (nuestro comportamiento es respetuoso) y la dignidad real (reconocimiento a la persona).

Es importante precisar que Kant distingue entre “valor” y “dignidad”; la “dignidad” es el valor intrínseco de la persona, la cual no admite equivalentes. La dignidad no es ninguna cosa, tampoco es una mercancía, dado que no se trata de nada útil ni intercambiable o provechoso; y es que es claro, lo que puede ser reemplazado y sustituido no posee dignidad, sino precio a un bien, servicio, mercancía o producto.  Kant, expresa que, “Persona es el sujeto cuyas acciones son imputables (…) Una cosa es algo que no es susceptible de imputación”.

El ser humano está dotado de razón y voluntad libre, el ser humano es capaz de cuestionar la realidad y hacerse preguntas morales y reflexionar sobre la justo e injusto, los seres morales, son seres autónomos y merecen dignidad real, es decir respeto. El valor de la persona proviene de la dignidad que le es inherente al ser humano racional, libre y autónomo.

Por ello, la autonomía moral es el concepto central de Kant que caracteriza al ser humano y es el fundamento de la dignidad humana. La autonomía, reitero, es el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional. Esta caracterización moral marca la diferencia entre los animales y los seres humanos.

La dignidad es atributo del ser humano, no como género humano, sino como miembro de la comunidad de seres morales. La dignidad como ente moral diferencia al ser humano de los animales y expresa Kant que, ello, lo ennoblece ante todas las demás criaturas.

Debemos promover el respeto absoluto e incondicionado a los seres autónomos, moralmente imputables, y ello, no puede ser afectado por relaciones de poder, de sometimiento, de control o disciplinamiento. Por ello, la afirmación de que la dignidad humana pertenece a todo ser humano moral, por el sólo hecho de pertenecer a la especie humana. Ahora bien, el fundamento de la dignidad humana radica en la autonomía y la capacidad moral de los seres humanos, no en su especificidad genética: esta es sólo un criterio de demarcación entre seres moralmente imputables y seres no imputables desde el punto de vista moral.

Por lo que respecta a la posición teórica de Habermans, él, sostiene que la persona, en tanto que sujeto de dignidad, corresponde a los individuos de la especie humana que han nacido; para Habermas, los seres humanos son personas sólo a partir del nacimiento, puesto que el nacimiento marca los límites entre “naturaleza” y “cultura”: “el nacimiento, como línea divisoria entre naturaleza y cultura, marca un nuevo comienzo. Con el nacimiento se pone en marcha una diferenciación entre el destino por socialización de una persona y el destino por naturaleza de su organismo”.

Habermas afirma que “lo que convierte, sólo desde el momento del nacimiento, a un organismo en una persona, en el pleno sentido de la palabra, es el acto socialmente individualizador de acogerlo en el contexto público de interacción de un mundo de la vida compartido intersubjetivamente. Sólo en el momento en que rompe la simbiosis con su madre el niño entra en un mundo de personas que le salen al encuentro, le dirigen la palabra y hablan con él”.

De esta manera, queda claro que, para Habermas, sujeto de la dignidad humana sólo pueden ser las personas en tanto que seres de la especie humana que han nacido. A este respecto cabría preguntar si es adecuado considerar al nacimiento como la instancia que distingue lo natural de lo social, y que, consiguientemente, da inicio a la vida personal.

Estas reflexiones fueron abordadas en la materia de derecho de familia de la Maestría en Derecho Familiar de la Universidad Magno Americana, acciones que fueron reflexionadas por los maestrantes: Abigail, Ana Laura, Andrea, Angela, Arantza, Bianca, Brenda, Carlos, César, Debanhy, Francisco, Jesús, Jonathan, José Francisco, Karen, Lizandra, Lucia, María Fernanda, Mariana, Paulina, Mayra, Sergio, Alejandra, Ana Karen, Isaías y a quienes agradezco su compromiso y responsabilidad por mantener una formación de excelencia.