Cháak…

Con flores y cantos doy vida al nuevo sol

Con flores y cantos saludo el amanecer

Los rituales ancestrales de prácticamente todas las culturas tenían un significado profundo y sobre todo espiritual.  Reflejan la conexión que los pueblos tenían con la naturaleza y la cosmología, siendo esenciales para la cohesión social y la preservación de sus tradiciones.

Se creía profundamente en la importancia de darle las gracias a los dioses y a los espíritus de la naturaleza, por los recursos y beneficios que recibían, como la lluvia, las cosechas y la abundancia de animales.

Con estas prácticas buscaban mantener el equilibrio y la armonía entre los humanos y el mundo natural. Aseguraban también así, la continuidad de los ciclos naturales, como las estaciones del año y la sucesión del día y la noche.

Hoy todo está revuelto. Las sequías abundan, los lagos se secan. Las estaciones ya no están bien definidas, el caos producido por la ignorancia, la avaricia, el deseo de dominar, nos ha alejado de nuestra esencia.

Uno de los rituales más conocidos es el de “Ch’aá Chaak”, tradicionalmente llevado a cabo por las comunidades mayas durante la temporada seca para invocar al dios de la lluvia, Chaac, solicitando su favor para garantizar buenas cosechas.

Durante la ceremonia se ofrecen ofrendas que pueden incluir alimentos, bebidas tradicionales, e incienso, acompañadas de cantos y oraciones. Es un evento comunitario que también puede incluir danzas rituales y se lleva a cabo en lugares sagrados como los cenotes.

 Cháak, que significa ‘lluvia’, es el nombre del dios maya de la lluvia, el trueno y la agricultura. Generalmente era representado con una nariz prominente y a menudo asociado con serpientes, la deidad juega un papel crucial en la cosmogonía y las prácticas agrícolas de los antiguos mayas.

A veces sostenía en su mano su hacha-rayo, una antorcha o vaciando agua de una vasija. A Chaac también se le ha relacionado con la guerra y con el Dios GI de Palenque.

Desde la cosmovisión maya, esta deidad tendría la capacidad de controlar las lluvias, las tormentas y los relámpagos. Los mitos relatan que Chaac reside en cenotes, cuevas y cuerpos de agua subterráneos, considerados portales hacia el inframundo. Asimismo, se le asocia con los cuatro puntos cardinales y se cree que en cada dirección hay una manifestación de Chaac, cada una con un color distinto: rojo al este, blanco al norte, negro al oeste y amarillo al sur.

Cháak es lo que sería Tláloc para los mexicas, correspondería también al Pitao Cocijo zapoteca y al Dzahui mixteca.

La deidad de la lluvia es patrona de la agricultura. Un mito muy conocido en el que los Chaacs (o deidades afines de la lluvia y el rayo) desempeñan un papel importante es el de la apertura de la montaña en la que se escondía el maíz.

En la mitología tzotzil, la deidad de la lluvia también figura como padre de mujeres núbiles que representan el maíz.

En algunas mitologías, se cree que el agua y las nubes se forman en el interior de la Tierra, en cuevas y cenotes, y luego son transportadas al cielo por deidades como Chaac.

​ Las fuentes mayas del periodo Clásico también sugieren que Chaac fue el dios que abrió la montaña que contenía maíz, utilizando su hacha del rayo, K’awil.

Que tristeza que muchos de los cenotes estén hoy contaminados, llenos de cemento, perforados, violados por enormes tubos, dicen que para sostener el desarrollo; un tren que cual bestia devora la selva, la vida.

Dando muerte a uno de los más valiosos ecosistemas del planeta.

Veo con tristeza los cenotes saqueados, incomprendidos, violentada su sacralidad, su paz, su belleza.

Cierro mis ojos y sueño despierta, cuando los dioses habitaban en los corazones de la gente de estas tierras, y por eso estaban vivos. Todo en armonía, todo en unicidad.

Se creía que los cenotes eran la puerta al inframundo, porque ubicaban al Xibalbá en el subsuelo y bajo el agua, por ello, estas hermosas pozas de agua se consideraban ventanas al inframundo al mismo tiempo que representaban la dualidad de vida y muerte, pues los cenotes eran la única fuente de agua para muchos de los pueblos mayas.

Los cenotes poseen una enorme riqueza natural, histórica y cultural. Son evidentemente una puerta a nuestra historia, y de la humanidad.

Nos hablan de esos tiempos, del no tiempo, de cuando la humanidad descubría su grandeza, pero aún temía el enojo de los Dioses.

 Se han encontrado cientos de reliquias históricas en su fondo: vasijas, restos de embarcaciones, pinturas rupestres, joyas, piedras preciosas, artefactos de oro puro, e incluso restos humanos.

Todo esto nos da una información invaluable, sobre la existencia humana en esos lugares, su antigüedad, sus creencias, historia y cultura.

Los dioses del inframundo eran temidos, y sumamente respetados. Los jueces supremos Hun-Camé y Vucub-Camé, eran los encargados de dictar a los otros 10 dioses sus tareas, pues cada uno poseía una función específica.

Bajo este contexto, los mayas rendían culto a los muertos con la festividad Hanal Pixán, el que sería un importante antecesor del día de muertos moderno, pues de igual manera se ofrecía comida a las almas que regresaban al mundo de los vivos.

Los cenotes son lugares sagrados, donde la vida y la muerte se entrelazan y abrazados danzan el baile de amor. El amor a la vida.

Termino transcribiendo un poema anónimo, recopilado por Miguel León Portilla, que habla por sí mismo de la armonía y unicidad.

“Un dorado pájaro cascabel, es vuestro bello canto,

Rectamente lo eleváis. Allá estás en su cercado de flores,

En sus ramas floridas estáis, cual aves gorjeáis.

¿Acaso tú ave quéchol, eres el Dador de la vida?

¿Acaso tú hablas por Dios?

Tan pronto como habéis visto la aurora,

Os habéis puesto a cantar.

Darás placer a las águilas, a los jaguares y al Quetzal.

Dispersa los cantos del Dador de la vida,

El pájaro cascabel anda gorjeando; ofrece su canto.

 Ofrece flores, ofrenda nuestro amor, esparce las flores del corazón”.

Abramos la mirada y los corazones, recobremos esa unicidad.