La salud mental y la mujer

En México, 25 por ciento de las personas entre 18 y 65 años de edad presenta algún problema de salud mental. | Ilustración: magazine.medineplus.gov

Franca Basaglia, una mujer que ha contribuido con estudios acuciosos que han ayudado a entender mejor el “escabroso” mundo del binomio: mente-emociones, afirma: “Pretender que es natural en la mujer la eterna sonrisa, o la eterna disponibilidad, conlleva al sacrificio de sí como persona”.

        Para hablar de la mujer y salud mental, partamos de un supuesto con el que hemos convivido durante centurias: que la mujer tiene asignado, desde el núcleo familiar, el papel de “débil, pasiva, dulce, propensa al sacrificio y a la protección”.  Y aquella que se llega a salir de esa “norma”, en el mejor de los casos se le reprocha apartarse de la imagen que se espera de ella, pero en otras situaciones, se le considera incapacitada para adaptarse al medio social, lo que -en opinión de expertos- es, con frecuencia, manifestación de trastornos psicológicos.  En otras palabras: se le acusa de perturbación mental.

       Una forma popular de entender la salud mental y emocional es calificarla como una ausencia de problemas mentales y emocionales.  Pero experimentar muchas veces problemas de salud mental y emocional, no es necesariamente un signo de enfermedad mental y, por el contrario, una persona mentalmente saludable no tiene por qué ser una persona feliz a todas horas.  Es muy válido sentirse triste, agobiada, confundida, dolida o desesperada, pues al entrar en contacto con estos sentimientos, comprenderlos, actuar sobre ellos y resolver las situaciones que los provocan, forma parte de un proceso de maduración.  Generalmente, resulta menos “saludable” la tendencia a negar y esconder los sentimientos desagradables, ya que existe una probabilidad muy alta de que vuelvan a aparecer más tarde, afectando el bienestar emocional.

       Hoy en día, los problemas sociales que afectan a la mujer, son vistos como problemas psicopatológicos, o incluso tienden a ser tratados como problemas psicológicos exclusivos de la mujer.  A veces sucede lo contrario: los problemas psicopatológicos son negados o confundidos con problemas sociales.  Lo que siempre será igual, es el trato que se da a una mujer cuando intenta expresar lo que le confunde, impacta o altera: “es una loca” -aseveran-, “está absolutamente loca”.  Como mujer, ¿se ha atrevido usted alguna vez a denunciar abiertamente una situación injusta en espacios públicos, sin ser juzgada, o declarada “medio loca”?  O bien, ¡permítase, cualquier día, manifestar su felicidad delante de un público eventual!  Si no se lo dicen, las risas y otras expresiones le insinuarán que ha perdido la chaveta.

       Entre los problemas sociales que irremediablemente nos afectan, podemos encontrar la falta de apoyo, el aumento de las responsabilidades familiares (“es mujer, ella está acostumbrada”), la violencia doméstica, la tensión generada en el ambiente laboral, el ser forzadas a aceptar empleos donde la exigencia es alta y la seguridad y los salarios son bajos, además de la carga familiar cotidiana, que por lo general recae sobre nosotras: cuidado de menores, de enfermxs, de adultxs mayores y hasta de mascotas, lo cual no nos deja el tiempo necesario para atendernos a nosotras mismas.

       Una recomendación bastante eficaz que recibí hace tiempo en un taller dedicado a la salud, fue el de obrar con cautela ante cualquier tendencia social que implique “sacrificio, abnegación o resignación”.  Porque no resulta nada saludable hacer cualquier cosa que contraríe los dictados de nuestro corazón, como tampoco es eficaz para resolver nuestros problemas, callarlos, negarlos o ignorarlos.  Y lo que menos nos llevará a mejores resultados, es intentar acusar a la sociedad o a otrxs de lo que nos ocurre, así como creer que no tenemos implicación personal en nuestro malestar.  En cambio, existen muchas prácticas que nos pueden ayudar a salir bien libradas de nuestras “perturbaciones”: la buena nutrición, el descanso, practicar la meditación y la respiración correcta, así como la lectura; o bien, buscar actividades creativas y realizarlas en grupo, lo que resulta de lo más estimulante.  Atrévete a tejer, coser, cocinar, escribir, hacer objetos artesanales, caminar, bailar o cantar, buscando la colectividad.  Cada día podemos aprender a descubrir algo nuevo con lxs demás.

       Consideremos casi un deber buscar la amistad y cercanía con personas que nos ayudan y aprecian.  El tiempo sólo nos lo podemos dar nosotras mismas, así que tomémoslo para cultivar amistad y comunicación, entendiendo estas acciones como de “ayuda mutua”.  Cuando nos sentimos deprimidas, angustiadas o agobiadas; cuando nos damos cuenta de que ciertos problemas se repiten varias veces en nuestra vida, puede ser de gran ayuda discutir estos problemas con aquellas amistades o familiares que nos pueden servir de apoyo.  Sin embargo, puede suceder que personas cercanas no pueden o no quieren hablar de lo que nos está pasando y resultará necesario buscar ayuda especializada.  Actualmente, existen muchas instancias a dónde acudir, de acuerdo a nuestras necesidades y posibilidades.

       De ninguna manera es motivo de “debilidad”, vergüenza o “fracaso” buscar ayuda terapéutica; más bien, resulta un acto de alta responsabilidad hacia nuestra persona, digno de alabarse.  Y es importante buscar terapeutas que se esfuercen por ayudarnos a encontrar y a utilizar nuestras fuerzas, que muestren una actitud correcta en el reconocimiento de nuestra identidad; esto es, que en su trabajo profesional incorporen el enfoque de género. Merece la pena tomar el tiempo necesario para encontrar a alguien cuya formación, estilo y personalidad, sean compatibles con nuestras necesidades, y al encontrar a estos profesionales, recomendar sus servicios.

       A riesgo de ser calificadas de orates, chifladas, maníacas, furiosas, neuróticas, delirantes o locas, cada vez más mujeres, hoy están cuestionándose y cuestionando el autoritarismo masculino y la manera que la sociedad ha construido relaciones desiguales e injustas; cada vez más la mujer hace propios sus pensamientos y deseos y se atreve a explorar los caminos de la autodependencia y la autonomía, buscando, como tantas personas en todo el orbe, un mejor lugar en esta vida.  Para ellas, para ellxs, rebeldes, decididxs, soñadoras, vaya mi abrazo sincero, comprensivo y amoroso.