Agua para la vida

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No resulta entonces extraño entender el por qué de la lucha por la defensa del agua, de muchos pueblos del país y del mundo. (Imagen: especial)

Participantes en una serie de conversatorios ciudadanos realizados en la ciudad de México en el año 2018, ciudadanos, académicos y grupos organizados de la sociedad civil, convocados por la Unión de Científicos comprometidos con la Sociedad, concluyeron que estando en un momento crucial en la historia de la humanidad, debido al grave deterioro del medio ambiente, que hemos contribuido, como especie, a acelerar, “resulta urgente democratizar la toma de decisiones respecto  al agua…”, tanto en la ciudad capital del país, como en las grandes ciudades del territorio nacional.  Y aún en las zonas rurales -agregaríamos-, debido al acaparamiento del vital líquido por empresarios agrícolas y fraccionadores que se amparan bajo la denominación “ecologistas”.

       Miembros del Tribunal Latinoamericano del Agua, presentes en los conversatorios realizados durante los primeros días de julio de ese año, recogieron testimonios de especialistas y activistas de diferentes agrupaciones, instituciones y comunidades originarias que desde hace varios lustros han venido defendiendo el derecho al agua, como uno de los bienes más preciados, porque todos ellos saben que resulta uno de los elementos esenciales para la vida.

       De entonces a la fecha, pocos esfuerzos se han realizado -sobre todo en algunos Estados- para atender debidamente un reclamo que va creciendo no sólo en nuestro país, sino en todo el orbe: democratizar la toma de decisiones y lograr el acceso equitativo al agua, tanto para el medio ambiente, como para el consumo humano.  Conseguir, con la participación de una ciudadanía activa, científicos y técnicos especializados, la promoción de acciones para realizar estudios serios y profundos en favor de la gestión sustentable de las cuencas y flujos de aguas subterráneas.

       En octubre de 2020, en entrevista hecha por conocido medio informativo nacional,  la investigadora del Colegio de México presentó el estudio de su autoría “Marco legal del agua en México, con énfasis en la gestión comunitaria”.  En su investigación, resalta que en el país, 35 millones de personas carecen de agua potable, a pesar de contar con la llave en su domicilio para tener el servicio, y 6 millones más no están conectadas a la red hidráulica.  Esto, a pesar de que el acceso promedio nacional al servicio es de 95.3 % según datos oficiales!

       En la entrevista, la investigadora Zamudio destaca el hecho de que “el marco normativo vigente no define la gestión comunitaria del agua y la participación social en los servicios públicos, únicamente se fundamenta en la tenencia de la tierra, lo cual tiene una relevancia mayor a partir de considerar que 51 por ciento de la tierra -en el país- es de propiedad ejidal o comunal.  Hay 44 mil organizaciones comunitarias en el territorio nacional que dan el servicio a unos 24 millones de personas”.  Estos datos nos ayudan a entender la importancia de las comunidades indígenas y agrarias en la “administración” del vital elemento, que ha llegado a considerarse, sobre todo para quienes la utilizan con fines lucrativos, “manzana de discordia”.

       No resulta entonces extraño entender el por qué de la lucha por la defensa del agua, de muchos pueblos del país y del mundo.  ¡Luchar y sobrevivir!, resulta la prioridad del ahora para muchos pueblos del Planeta.  Y la reciente “Declaración por la Vida” que suscribieron, junto a las y los zapatistas, una impresionante cantidad y variedad de personas, organizaciones y movimientos de México y de otros países -de Europa, sobre todo-, nos muestra la decisión de unirse, encontrarse y de luchar por la vida, desde distintas concepciones y en diferentes terrenos.

       Personalmente, mi interés y compromiso por la defensa del agua, surgió cuando mi madre nos llevó a conocer el lugar de los ancestros: Cuetzalan, en la Sierra Norte de Puebla.  Yo entendí el por qué de mi amor por el agua, conociendo los ríos subterráneos que corren dando vida a culturas tan antiguas y respetuosas de su entorno.  Desde entonces, siempre me ha intrigado el por qué del aparente desprecio que tenemos los pueblos colonizados hacia lo que nos da vida y sustento, como nuestro lago. Y esto lo comparto cuando platico con estudiantes de cualquier nivel, que por lo general no recuerdan cómo las principales ciudades coloniales se construyeron sobre lechos o nacimientos de agua… como Pátzcuaro.

       Pero también suelo hablar con cierta mesura acerca del elemento que constituye el casi 70 por ciento de nuestro organismo.  Y afirmo que el agua es un prodigio de la naturaleza que se formó a partir de la combinación de dos átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno que establecieron un enlace poco menos que indestructible… y que además, llegó a la tierra por medio de los cometas! Pero nos resulta tan familiar y cercana, que muchas veces nos olvidamos que se encuentra presente casi en cada acto de nuestra vida y que es tan antigua como el Universo mismo, por lo que podemos darnos cuenta de que el agua que hoy bebemos, fue también bebida por los dinosaurios.

       Nuestros más remotos antepasados, los primeros seres inteligentes del género Homo Sapiens, pronto se dieron cuenta de que vivir cerca del agua aumentaba sus posibilidades de vida, así como la calidad de la misma.  Por tal razón, algunos de ellos abandonaron el nomadismo para asentarse junto a los ríos o lagos y asegurarse la supervivencia.  Es así como suponemos que el hombre inventó la agricultura, a partir de la asociación entre los elementos básicos: agua, tierra, humedad, germinación y cosecha, que le permitieron, por primera vez en la historia, modificar su entorno y beneficiarse de él.

       Gracias a su tamaño mediano y a la posición que tiene con respecto al Sol, la Tierra (Gaia) es el único planeta del Sistema Solar donde el agua existe en sus tres estados: gaseoso, líquido y sólido.  Si la Tierra hubiera sido un poco más pequeña o más grande, o hubiera estado a otra distancia del Sol, tal vez no estaríamos compartiendo esta historia, por la sencilla razón de que no sería posible nuestra existencia (así como ahora la conocemos).

       Algunas de las culturas más avanzadas del México antiguo, como los olmecas, mayas, zapotecas, mixtecas, teotihuacanos, toltecas y mexicas, poseían un orden político y social normado por leyes variadas que se transmitían por la tradición oral.  Para todas esas culturas, los ordenamientos respecto al agua tenían un lugar especial, y gracias a los Códices se puede conocer la importancia que este elemento líquido tuvo en la vida de los pobladores precolombinos.  Así, por ejemplo, el vocablo Anáhuac significa “junto al agua”.

       Hoy que nos encontramos ante una crisis debida a la escasez del agua potable, de su contaminación y al mal uso y acaparamiento que unos pocos hacen de ella en perjuicio de las mayorías, llegó el momento de defenderla como el bien de todos, impidiendo los afanes comercializadores de gobiernos, empresarios y bancos mundiales que ven al preciado líquido como una mercancía más.  Esta crisis y estas luchas que han cobrado tantas víctimas (sobre todo entre pueblos y comunidades indígenas), nos obliga a adoptar una actitud comprometida hacia el cuidado y defensa del agua, que representa la propia vida.