DEBATAMOS MICHOACÁN: Pedagogía de la crueldad

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Sin embargo, hoy la vida y la muerte están sometidas por una pedagogía de la crueldad. (Foto: especial)

Regularmente, cuando diserto sobre las cuestiones de ecoeducación, hablo acerca de lo que pensaba el doctor Humberto Maturana, en su libro La biología del amor, y en el que posiciona la cuestión de la vida al centro, para darle viabilidad y sostenibilidad a los seres vivos, plantas y animales. Pero en este sentido me permite ir tejiendo posibilidades para contar con una ecopedagogía, es decir, una pedagogía de la vida, en donde se aprenda sobre la formación y ética de la vida, es decir, una ecoformación, y una ecoética, que nos lleve a respetar la naturaleza, y generar condiciones de sostenibilidad. Sin embargo, hoy la vida y la muerte están sometidas por una pedagogía de la crueldad, porque la vida ahora ha transitado a una cosificación, en donde utilizar y desechar no genera ninguna estimulación a las emociones de las personas. La pregunta es por qué ésta sucediendo dicha cosificación.

Desde los años setenta, la primera película que se filmó sobre una violencia extrema fue “Naranja mecánica”; dicha película fue prohibida en diferentes países, incluso en Inglaterra donde fue realizada, el hilo conductor del filme refleja los procesos de desajustes mentales que ya vivía la sociedad, sin embargo, dicha película frente a lo que vivimos diariamente desde los años noventa con las muertas de Juárez, es una comedia. Esto es trágico. Pero, qué ha provocado esta problemática, tanto Rita Segato, como Sayak Valencia nos introducen al modelo de violencia que se vive, una de ellas, desde el mandato del patriarcado, la otra investigadora, desde el capitalismo gore, pero ambas conocen de la violencia en la frontera norte de México, veamos. 

Para Sayak Valencia, la falta de trabajo remunerado que atienda las necesidades de las personas jóvenes para acceder a los bienes y servicios y productos del mercado, presiona a muchos jóvenes por no poder alcanzar el consumo y genera la frustración entre los jóvenes que no pueden llegar a tales niveles de consumo o bien de hiperconsumo; motivo por el cual, la economía criminal y el uso de la violencia como una herramienta de mercado se convierten en alternativa para vincular a muchos jóvenes que requieren de dinero para el consumo hedonista, y atender sus necesidades del mandato de masculinidad.

Derivado a que el trabajo no es valorado socialmente expresa la investigadora, los jóvenes que necesitan sentirse competentes en su rol de proveedores son los que buscan «trabajo» en la industria gore —asesinatos, drogas, secuestro, comercio del sexo con mujeres y hombres cisgéneros, pero también personas trans y homosexuales—. Esto es posible también porque existe una subversión del proyecto humanista que había prevalecido en las sociedades occidentales y occidentalizadas. El humanismo es sustituido por el consumismo (Guille Lipovetzky). Dado que la adquisición de bienes es más valorada socialmente que la autorrealización a través del trabajo, las limitaciones éticas para participar en actividades gore se desvanecen. En el hiperconsumo la ética es redundante, es vista como la autoprotección de los perdedores.

Valencia, crea una figura mítica, a la que ha llamado el sujeto endriago. El endriago es posiblemente la aportación conceptual más interesante y polémica de su reflexión teórica. El endriago es un personaje de Amadís de Gaula, obra literaria española de la época medieval; es un monstruo, un híbrido que conjuga hombre, hidra, y dragón. Es una bestia de gran altura, fuerte y ágil que habita tierras infernales y produce un gran temor entre sus enemigos.

El endriago permite conceptualizar a los hombres que utilizan la violencia como medio de supervivencia, mecanismo de autoafirmación, y herramienta de trabajo. Los endriagos no sólo matan y torturan por dinero, sino que también buscan dignidad y autoafirmación a través de una lógica «kamikaze». En este sentido, Valencia afirma que dadas las condiciones sociales y culturales imperantes en México no debería ser una sorpresa que los endriagos usen prácticas gore para satisfacer las demandas consumistas ya que con ello subvierten la sensación de fracaso causada por la frustración material. Lo que algunos críticos se preguntan de esta categoría es si es suficiente para explicar la exacerbación de la violencia.

En el modelo económico Neoliberal existe una relación muy estrecha entre las drogas y la producción de capital, debido no sólo a la globalización del hiperconsumo sino también por la «violencia económica» la cual incluye trabajos mal pagados, falta de oportunidades para los jóvenes, ausencia de servicios sociales, marginación social, etcétera, que se articulan a mecanismos de opresión. Este tipo de violencia es clave en el surgimiento y la expansión del tráfico de drogas como empresa transnacional y como una herramienta de negocios.

Valencia reflexiona desde la reflexión teorica de A. Mbembe —basado en la biopolítica de Foucault— y con ello, explica de manera importante la violencia que se genera en México. Como Mbembe, Valencia cree que es la muerte y no la vida lo que hoy en día se encuentra en el centro de la biopolítica transformándola en necropolítica.

Sayak Valencia, sostiene que su interpretación de necropolítica es geopolítica y contextualmente específica: La necropolítica en sociedades hiperconsumistas, en particular la frontera norte mexicana. Si la biopolítica controla los procesos vitales, las exigencias capitalistas han transformado en mercancía la vida y todos los procesos asociados, tales como la muerte, que es esta reflexión a la que se refiere Rita Segato en su texto Contra pedagogía de la crueldad. En las sociedades hiperconsumistas los cuerpos se convierten en una mercancía, y su cuidado, conservación, libertad e integridad son productos relacionados.

Como mercancía cada vez más valorada, la vida es más valiosa si es amenazada, secuestrada y torturada.

En este sentido, Valencia precisa que, no sólo el Estado sino también los actores no estatales —los endriagos— tienen poder sobre la muerte, tanto en los cuerpos individuales como en las agrupaciones sociales y la población en general. Éstos ejercen un poder paralelo de opresión y se erigen en un Estado paralelo. Aquí la violencia extrema y el hiperconsumo son elementos estructurantes de la construcción de subjetividades disidentes que resisten el poder estatal. Pero esta resistencia no significa que sea resistencia legítima: los endriagos siguen siendo hombres de negocios que siguen las reglas del neoliberalismo hasta sus últimas consecuencias, resistiendo el Estado neoliberal.

Los endriagos no se disputan el poder estatal sino el biopoder, es decir, el control de la población, el territorio y la seguridad. Los criminales controlan necropolíticamente los cuerpos de las personas tomándolos como bienes de intercambio comercial o como consumidores de las mercancías ofertadas en el narcomercado. Valencia sostiene que podemos tener una comprensión de las lógicas del necropoder del endriago entendiendo el funcionamiento de la biopolítica de la economía, del hetero-patriarcado y de los medios de comunicación masiva.