Aprendizaje absoluto

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La vida nos sorprende en dos momentos definitorios para nuestro ser; cuando nacemos y cuando morimos, nunca sabemos que día sucederá, como sucederá y que pasará. (Foto: especial)

Cada año es un recuento de los momentos, instantes y hechos vividos. El fin de un ciclo e inicio de uno nuevo. Aprendizaje absoluto.

La vida nos sorprende en dos momentos definitorios para nuestro ser; cuando nacemos y cuando morimos, nunca sabemos que día sucederá, como sucederá y que pasará.

Tenemos tanto que aprender, tanto por hacer, es maravilloso y mágico descubrir el viento, sentir el calor del sol, sentir la lluvia, percibir y sentir los sentimientos propios y ajenos, aprender a hablar y caminar, ambas cosas son como magia, es grandioso aprender a expresarnos y lograr llegar a donde queremos. Todas esas maravillas a veces no las valoramos. Lo mismo sucede con las personas a las que amamos, a los padres, pareja, hijos, amigos, compañeros de escuela o trabajo. No pensamos que quizás no volvamos a verlos, que es importante decirles cuanto los queremos, cuanto les valoramos, cuanto agradecemos su existir.  Supongo esto sucede porque las más de las veces solemos pensar que todo es para siempre.  

Nunca sabemos cuándo hemos de partir de este plano, por ello es tan importante apreciar y valorar lo que la vida nos va regalando y poniendo en nuestro camino. Por eso es vital aprovechar, vivir plenamente cada instante.

Estos dos años de pandemia, de repente parecieran dos semanas, de repente parecieran interminables.  Cada vez que pongo la fecha me lleno de asombro. ¡Como pasa el tiempo de rápido!

Durante estos dos años, muchas personas muy valiosas y queridas han partido. Cuando esto sucede el corazón pareciera hacerse pequeñito, duele.  El cerebro suele rebelarse, por no entender porque precisamente las personas que más valen, que más falta hacen para estos momentos críticos para el país, para la humanidad, parten.  Justo ahora que tenemos que juntar fuerzas, determinación, tener claridad en lo que se debe de hacer para intentar no se vaya todo al traste, al carajo, para decirlo más claro.  Tenemos que dar lo mejor de cada uno, para que el planeta siga vivo, y todos los que en el habitan tengan un hábitat y una vida plena.

El pasado dos de febrero, me sorprendió y dolió profundamente, al enterarme que Pablo Alarcón Chaires, había partido. No podía creerlo, pensaba seguro era una noticia falsa. No podía irse, pensé; aún hay mucho por hacer y urge hacerlo.

Conocí a Pablo hace muchos años en el COEECO, siempre claro, respetuoso y con una sonrisa de esas que alientan, cuando uno piensa que ya no hay gente buena.  Defensor ambiental, biólogo, Maestro en Ciencias de Manejo y Conservación de Recursos Naturales, Doctorante en Pensamiento Complejo.

Trabajó siempre por la conservación de la naturaleza, en especial de la tortuga marina. Durante las últimas décadas, su trabajo académico fue en temas relacionados con pueblos originarios, derechos humanos y naturaleza.

Hará mucha falta su voz crítica, su lucidez y su gran corazón, para hacer lo que tenemos que hacer; preservar la vida del planeta, de los ecosistemas, del conocimiento ancestral, que será. sin duda luz en el caminar colectivo.

Pablo no ha muerto. Sus ideales están en cada uno de los que anhelamos un mundo diferente. Desde aquí envío un abrazo entrañable a la familia Alarcón Acosta.

La vida ha sido muy bondadosa conmigo, he conocido y compartido la vida con gente valiosa, humana, luchadores sociales en serio, con la singularidad de todos el ser pensantes, de enorme corazón; deseosos de poner sus conocimientos y trabajo para el bienestar de todos. Por tener esas características, son en toda la extensión de la palabra revolucionarios.  Poniendo todo de sí a cada instante, con el anhelo de lograr un mundo donde impere la justicia, la libertad y la igualdad.

Al inicio les comenté que el fin de un ciclo e inicio de uno nuevo. es un recuento de los momentos vividos. Cada instante desde que nacemos, nos vamos conformando en lo que somos, en lo que seremos. Estoy justamente terminando un ciclo, estoy iniciando una nueva vuelta al sol.

Nací el 10 de febrero de 1954, cumplo justo hoy 68 años de vida.

Pienso que los cumpleaños tienen como finalidad principal, el dar gracias por estar vivos, es celebrar y agradecer el camino andado, celebrar y agradecer el inicio de un universo de vivencias y amaneceres.

Nací en una pequeña casa en lo que entonces eran las afueras de Morelia. En la calle Lázaro Cárdenas, casi enfrente de donde está ahora la oficina de Relaciones exteriores. Había entonces dos jacarandas en la acera, aún esta una, que sigue frondosa y con bellas flores en esta época.

Mi padre Natalio Vázquez Pallares y mi madre María Concepción Zamacona Franco, me dieron la vida, el regalo más maravilloso que he tenido, es el ser su hija.

Mi mamá era bella y fuerte como las conchitas marinas. Mi papá luchador incansable por los anhelos más nobles de la humanidad. Ambos sembraron en mi sueños y anhelos de un mundo donde la justicia, la libertad. y la igualdad fueran una realidad.

Formo parte de una generación muy especial e irrepetible. Nacimos sin internet, generación ávida de conocimiento y de cambio del estatus quo. Concebimos el amor y la paz como formula de desarrollo y logros para la humanidad y preservación de la madre tierra. No solo marchamos, sino participamos en el 68, en el 71, en el 88, en el 94, y muchas más, con plena conciencia, convencidos del porque y para que luchábamos, y aún muchos seguimos luchando.  Tuvimos una vida sin miedo a salir a la calle, a enfermarnos, a jugar en los charcos bajo las tormentas, a gritar y cantar por los ideales. Defensores natos de la libertad de pensamiento y expresión.  Nuestra generación fue creadora de mil sueños; llegar a la luna, y muchas cosas más que se creían imposibles de lograr. Incitamos el cambio, y si bien no logramos aun el mundo anhelado, ayudamos al avance en hechos que han marcado la diferencia. Creamos conciencia de la importancia de preservar el medio ambiente, de la urgencia de recobrar nuestra espiritualidad. Solemos disfrutar y amar el leer libros, aspirar los aromas que despiden; que finalmente son los aromas de miles de historias conformadoras de la vida.

Somos personas que amamos y disfrutamos la vida, ver los amaneceres y atardeceres, escuchar el mar, y el canto de las aves, sembrar árboles y semillas de conocimiento, defender cuanta causa noble necesite de apoyo. Disfrutamos y utilizamos las nuevas tecnologías que han permitido a la humanidad estar comunicada, han desparecido muchas alambradas mentales. Se han derribado muros que se pensaba eran imposibles de derribar.  Ciertamente está en todos nosotros el lograr el avance de la especie humana.   No existen distancias, ni mundos inalcanzables,  

 Lo que me quede de vida, voy a vivirlo plenamente poniendo todo mi esfuerzo por lograr los anhelos colectivos de justicia, paz y libertad en todos los ámbitos y en todo el planeta.

He puesto todo de mi para hacer realidad esos anhelos, que son los de millones de personas, en todas las latitudes de este maravilloso planeta, que es nuestro hogar.  No hay que decaer, no hay que dejarnos vencer. Sin duda se ha de lograr, estoy segura que cuando se logre que la justicia y el conocimiento imperen, cese el anteponer los intereses económicos y políticos antes que el bienestar de la humanidad y del planeta, cese la explotación irracional tanto del medio ambiente como del hombre por el hombre, el mundo será como tenía que haber sido desde hace mucho.

El nacer, el vivir y el morir es aprendizaje absoluto.