La política anti-inflacionaria

Guerra de precios, en una espiral inflacionaria que impacta al consumo.

La situación económica y  financiera global, así como la del país se encuentra a punto de una recesión, pero eso no es lo más importante, sino la profundidad y la duración de la misma.

Como he sabido las autoridades monetarias y fiscales de los diferentes países tienen como principal propósito el de combatir, controlar o aplastar la inflación y para ello,  durante el presente año han  instrumentado una política monetaria restrictiva con el aumento de las  tasas de interés y con ello el aumento de los precios de los créditos y la deuda pública que alcanzarán altos niveles insospechables.

Además de reducir al máximo los gastos públicos de los diferentes gobiernos y el intento de reducir los impuestos para poder detener la caída de la inversión productiva, al mismo tiempo poder estimular el crecimiento en un intento de evitar la futura recesión.

Las expectativas de los inversionistas y los mercados financieros están invadidos por la incertidumbre de corto y mediano plazo.

Pero a las autoridades financieras lo que les importa es contener el aumento de los precios y a través de los diferentes mecanismos  restablecer las cadenas de suministro.

Todo  lo anterior  es consecuencia de la crisis del Covid   que provocó el cierre de la economía global a diferentes niveles y que los diferentes gobiernos utilizaron las transferencias monetarias dirigidas a los hogares y personas para mitigar la caída en el 2020 y parte del 2021 de la actividad productiva. Estos gobiernos inyectaron mucha liquidez al mercado, particularmente para los consumidores, el efecto inmediato fue la recuperación económica en el 2021 y lo que va de este año.

El sistema bancario tiene una alta liquidez monetaria que ahora no puede colocar en el mercado y la cuestión se empeora  por el aumento de las tasas de interés o el precio del dinero; de esta forma tanto consumidores como inversionistas están en una situación de valoración de sus compromisos  de crédito, así como sus  carteras de inversiones.

Por lo pronto hay que afirmar  que desde antes de la pandemia la economía global se viene desacelerando, los indicadores de inversión, empleo y precios así lo indican.

Por otra parte, millones de trabajadores en todo el mundo no recuperaron los empleos  que fueron producto del cierre en la economía durante la pandemia y los que lo hicieron, han sido contratados con menores salarios y peores condiciones en un ambiente de incertidumbre laboral.

De esta forma tanto las autoridades   de los bancos centrales, los gobiernos a través de la política económica –de derecha como de izquierda- están preocupados  por “curar los síntomas y no la enfermedad”, esto significa combatir para aplastar la inflación en lugar de instrumentar una política  económica dirigida a destruir los “cuellos de botella” que se manifiestan en las cadenas de suministro.

Pero lo más importante es  la carencia de una política activa dirigida tanto a recuperar la inversión productiva, modernizar  la logística y aumentar el poder adquisitivo de los salarios para que de esta manera recuperar los niveles  de consumo y con ello los ingresos tributarios para el financiamiento del gasto público en especial,  el de inversión productiva.

En conclusión para las autoridades monetarias, financieras y los gobiernos la prioridad es estabilizar el nivel de precios en lugar del estímulo a la inversión productiva a costa del empleo y las remuneraciones salariales  que causan efectos sociales negativos como es el aumento de la pobreza, el desempleo y al mismo tiempo en el mediano plazo la inestabilidad  política poniendo en crisis a los gobiernos y la democracia.