Camino Real

Isla de Janitzio en Pátzcuaro que, a través del tiempo, ha sido uno de los lugares más emblemáticos de Michoacán. | Fotografía: Archivo.

La entrada a Pátzcuaro, por el lado oriente, se distinguía por sus características especiales de anchura y acondicionamiento del terreno, iniciaba en lo que por años hemos conocido como el Manzanillal y se prolongaba por una parte hasta la explanada de Templo de la Basílica o bien por la actual calle de Benigno Serrato, hasta las siete esquinas; era la prolongación del Camino Real o también llamado Camino Nacional.

El Camino Real, según los historiadores, fue la vía más importante de comunicación con Tzintzuntzan capital del Imperio Purépecha y con Tenochtitlan centro de poder del Reinado Azteca. Ruta que unía un sin fin de poblaciones destacando entre otras, Guayangareo hoy Morelia, Charo, Zinapécuaro, Taximaroa hoy Ciudad Hidalgo, Maravatío, Acámbaro y Toluca. Por el lado poniente, el Camino Real, comunicaba a los pueblos de tierra caliente. 

Se dice, que, justo a la entrada a Pátzcuaro por el lado oriente, un 25 de junio de 1522, Tangánxoan II, último emperador purépecha, se rindió sin haber luchado, ante la presencia del ejercito invasor al mando de Cristóbal de Olid, apoyado por un grupo de nativos traidores, que aprovecharon la invasión española para liberarse de tanto tributo que los Aztecas les habían impuesto, aludiendo ser los dueños del Valle de Anáhuac.

Años más tarde, en ese  mismo sitio donde se doblegó simbólicamente al pueblo purépecha, los misioneros españoles construyeron una cruz con una esfinge de Jesucristo formando lo que se conoce en España como “humilladero”; tiempo después, por iniciativa de Don Vasco de Quiroga, Obispo de Michoacán, se construyó una capilla, adoptando el nombre y quedando dentro de la misma la mencionada cruz.

A parte de su belleza natural, en el lugar se respiraba una inigualable paz espiritual, posiblemente, esas características se consideraron para que en un momento determinado las autoridades en turno, tomaran la decisión de instalar a un lado de la Capilla del “Humilladero” o del “Cristo””, un cementerio, para depositar los restos de quienes se nos iban adelantando en el camino rumbo al Mictlán. Ahora al parecer,  hasta el cementerio llega el bullicio de las casas que van sustituido el milenario bosque. 

Cada vez que fallecía algún familiar, vecino o conocido, a los primeros cantos de los gallo, emprendíamos la salida rumbo al panteón del Cristo. A la media hora de camino, llegábamos a Buenavista; otra media hora  caminando estábamos entrando a Puerta de Cadena; a la  hora y media siguiente, nos encontrábamos  llegando a Las Trojes; a los 20 minutos más de camino, transitábamos por el  Manzanillal; otros 15 minutos por La Tareta y a unos 10 minutos, empezábamos a caminar sobre el Camino Real o Camino Nacional, encontrándonos a sólo unos 40 minutos de nuestro destino final en esa jornada de duelo. En ese último tramo del camino, a pesar de ser una pendiente de considerable inclinación, los pasos se aligeraban, disminuyendo cualquier cansancio y percibiendo una paz interior nunca antes experimentada.

Así fue, como en muchas ocasiones al igual que los reyes purépechas, princesas, invasores, traidores, vendedores y compradores de mercancías, y vecinos de los poblados del oriente del Municipio de Pátzcuaro, transité por ese  Camino Real, que construyeron nuestros antepasados, pensando en algunas de las necesidades que a futuro podríamos enfrentar. El Camino que también fue utilizados para desplazar por la madrugada todo tipo de madera aserrada  de los árboles milenarios que a diario se  talaban en las partes altas de los bosques.

Años mas tarde, ese Camino Real o Camino Nacional, que con toda proporción guardada y con un poco de imaginación, se  asemejaba al conocido como la calzada de muertos que une las pirámides del Sol y de la Luna, fue visto con un  propósito diferente, al pensado por nuestros antepasados, el que  con mucho trabajo construyeron y protegieron durante siglos, con la idea de hacernos más cómoda la vida.

De la noche a la mañana  y a inicios del Presente Siglo, a dos o tres mortales se les ocurrió, organizar un grupo de familias carentes de vivienda, para que invadieran  parte de la superficie de ese histórico Camino Real y construyeran un espacio propio donde vivir; bien sabían quienes encabezaron la invasión que esos terrenos eran propiedad federal y que difícilmente algún particular podría reclamarlo y que ante la presión social, pronto lograrían la legalización correspondiente, tal y como sucedió al final del litigio.

Una vez consolidada la invasión, tenían derecho a  recibir los  servicios municipales de: seguridad publica; agua potable; drenaje y alcantarillado; guarniciones y banquetas; recolección de basura; energía eléctrica; escuelas; asistencia médica; transporte entre otros. Si realmente se beneficiaron las familias que carecían de un lugar a donde vivir, se pudiera entender más no justificar la invasión, pero al parecer en el lugar también se construyeron algunos inmuebles con fines comerciales, desvaneciéndose la imagen social de la invasión.

Ese Camino Real se ha convertido en una angosta e incomoda vía de comunicación, cuando originalmente se proyectó para que fuera una hermosa calzada de entrada y de salida a un lugar tan hermoso como lo es Pátzcuaro. Tal parece que no hemos sabido aprovechar la herencia de nuestros antepasados para vivir en mejores condiciones en armonía con nuestros semejantes y la naturaleza. Hemos destruido los bosques y contaminamos el medio ambiente natural, ocasionado alteración en el proceso del ciclo del agua, teniendo como consecuencia prolongados periodos de sequias e inundaciones. No hemos mejorado la infraestructura y lo mas lamentable, tarde o temprano la desaparición del Lago de Pátzcuaro, el cual posiblemente quedará reducido a una pequeña área donde actualmente se encuentra la mayor profundidad.

No cabe duda que nuestros antepasados eran visionarios, pensaban a futuro, tenían mucha imaginación para hacer las cosas, pensaron  en todas las necesidades y en los imprevistos que se pudieran enfrentar, poco hemos mejorado de la herencia que nos dejaron. Todavía estamos a tiempo de reflexionar, mañana ya será demasiado tarde.

Problemas nada fácil de resolver en un futuro no muy lejano, es lo que les espera a las próximas autoridades de los tres niveles de gobierno, como el abasto del agua potable entre otros. Por lo que, si no cuentan con conocimientos, experiencia y vocación de servicio al prójimo, más vale que lo piensen dos veces, antes de comprometerse a representar los intereses de su comunidad.