El precio de las mercancías

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La clase trabajadora ha perdido en menos de un año, cerca del 7 % de su salario real. (Foto: especial)

En el sistema económico de producción capitalista en el que vivimos los mexicanos, caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción, la supuesta fijación de precios mediante la ley de oferta y demanda, así como la existencia de mercados competitivos. La producción no está orientada a satisfacer necesidades sociales, se produce para obtener la mayor ganancia posible mediante la explotación del trabajador y la especulación en los mercados. “El valor de las mercancías de una empresa en este sistema, se compone de tres partes: el valor del capital constante (parte del valor de la maquinas, los combustibles, la materia prima y otros insumos); el valor del capital variable (compra del trabajo) y la plusvalía (valor de trabajo no pagado al trabajador), de esta tres partes el capitalista sólo desembolsa para la compra de las primeras dos que representan para él, los gastos de producción, por lo que la plusvalía, es la que genera la ganancia obtenida, en el proceso de producción, que sumada a otra ganancia que determina el propio empresario, fijan el valor de las mercancías. Principal punto de partida de las desigualdades existentes en las sociedades humanas.

Por otra parte, el capitalista industrial, vende las mercancías al capitalista comercial, el cual las hace llegar al consumidor mediante un intermediario o pequeño comerciante. La función del capitalista comercial, es convertir el capital mercantil en monetario. Si el capitalista comercial no existiera, el productor tendría que emplear capital complementario para instalar toda una infraestructura comercial, pero el capitalista industrial deja esa tarea a cargo del capitalista comercial, cediéndole parte de la ganancia obtenida en la producción para que compre sus mercancías, obteniendo ambos una ganancia media.

Los capitalistas comerciales, a su vez, tienen que hacer los gastos necesarios para la distribución de las mercancías, como son los desembolsos de dinero para la adquisición de las propias mercancías, convirtiendo así su valor de producción en el precio de las mismas. Además, para el pago del personal; el manejo de las mercancías; la renta y los gastos administrativos de las  oficinas comerciales, la propaganda y los gastos originados por la competencia y la especulación. Así como, para el trabajo invertido en el acabado, transporte y embalaje de las mercancías y la misma publicidad. En resumen los gastos de distribución, proceso en el que se añade, al precio de las mercancías, un nuevo valor agregado, determinado por el comerciante, que aumentan sin cesar el precio de las mercancías durante su recorrido para llegar a los mercados. Los capitalistas comerciales venden las mercancías a pequeños comerciantes, quienes a su vez, las hacen llegar al consumidor final en los diferentes tipos de mercados. Mercancías que llevan implícitas las ganancias generada tanto en los procesos de producción, como en el de distribución, las que sumadas a la ganancia que obtenga el pequeño comerciante por su trabajo de intermediación, determinaran el precio final de las mercancías que tendrá que pagar el consumidor final, llámese obrero, profesionista, político o cualquier otro tipo de persona.

El intercambio de mercancías se lleva a cabo en espacios físicos o  digitales llamados mercados, a donde acuden compradores (demandante) y vendedores (oferentes), de bienes y servicios, generando una intención de compra y venta. Para que el mercado opere se necesita alguien que compre y alguien que venda y estas dos partes son las que forman el mercado. Dicho intercambio es necesario para hacer llegar las mercancías y servicios a los consumidores finales y puedan satisfacer sus necesidades y hasta sus deseos y caprichos y de alguna manera mejorar sus condiciones de vida. Al principio la comercialización se realizaba de forma directa cambiando un bien por otro. Con la aparición del dinero y los plásticos (tarjetas de crédito y débito) el intercambio se hace de manera indirecta, mediante la entrega de monedas o billetes de curso legal o el registro documental o digital del precio correspondiente. El vendedor busca conseguir un precio alto y el comprador un precio bajo. En teoría, los participantes llegan a un acuerdo en el precio, llamado en el mercado precio de equilibrio, lo cual en la realidad es totalmente falso ya que el establecimiento de los precios de las mercancías, sigue el proceso descrito al principio de este escrito y solo en algunos casos obedece  a la oferta y la demanda, dando equilibrio al mercado. El consumidor final, se encuentra totalmente desprotegido a la alza de los precios de las mercancías. Como está sucediendo en la actualidad, principalmente con los productos de la mal llamada canasta básica. Si bien es cierto que se ha dado un incremento en los combustibles y de algunos insumos de producción, también es cierto que los dueños del dinero productivo y comercial no están dispuestos a disminuir ni un centavo sus ganancias, convencidos que ninguna persona se empacha por tener tanto dinero, a consta de la pobreza de las mayorías. Como siempre la inflación sólo afectará a la clase trabajadora deteriorando más su precaria calidad de vida.

Cuando el gobierno ha intervenido en la economía para regular los precios de los bienes y servicios en el mercado, su actuación ha sido un rotundo fracaso: por la corrupción y la impunidad con que operan algunos  funcionarios públicos, como aquellos que administraron Empresas Paraestatales como Teléfonos de México; Ferrocarriles Nacionales de México; Aeropuertos y Servicios Auxiliares; Sistema Bancario; Ingenios Azucareros: Almacenes Nacionales de Deposito; Tiendas IMSS; Tiendas ISSSTE, por mencionar algunas, las cuales siempre operaron con números rojos, ocasionando en algunos casos su quiebra total, con la complicidad de los gobernantes en turno. Las pocas empresas paraestatales que sigue en pie, difícilmente cumplirán su objetivo social por la falta de voluntad de quienes las administran.

Como una forma de apoyar la economía familiar, en zonas de alta marginación, se dice que se han establecido 27 mil tiendas comunitarias de SEGALMEX, “donde se venden 40 productos de la canasta básica conformados por alimentos, artículos de limpieza e higiene personal y bienes complementarios a precios preferenciales”. Sin embargo, en esas zonas aún no se observa ningún mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Ojalá no suceda lo mismo que con las tiendas CONASUPO, de allá por 1989, donde los productos se vendían a un precio mayor que el de los tianguis, debido a que los gerentes de abasto recibían de los proveedores un 10% de moche y en efectivo por cada pedido que surtían.

Dentro de las supuestas medidas de protección al consumidor por parte del Gobierno Federal, tenemos también, a una Institución llamada Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), que se dedica a publicar precios comparativos de los diferentes mercados de bienes y servicios, (algo que cualquier mortal lo puede hacer desde su celular); a revisar las bombas de las gasolineras para que surtan litros de a litro, pero que al final  dichas supervisiones parecen simulaciones, los consumidores seguimos pagando litros incompletos, debido a que no se planean dichas supervisiones, mucho menos se hace un seguimiento al trabajo realizado. Asimismo, con inspecciones a mercados y tiendas departamentales, no garantiza ninguna mejoría para los bolsillos de los trabajadores. Para su funcionamiento, la mencionada institución cuenta con 4 Subprocuradurías, 2 Coordinaciones Generales, 21 Direcciones Generales y más de 30 Oficinas para la defensa del consumidor, con un costo anual mayor a los mil millones de pesos.

También existe otra institución con el nombre de Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), organismo público descentralizado de la Administración Pública Federal, que le cuesta al pueblo poco más de mil millones de pesos al año. Que tiene como objetivo medir la pobreza y asesorar para el establecimiento de las políticas públicas para el desarrollo social. Como trabajo relevante ha logrado definir detrás de un escritorio, los cuarenta productos que conforman la canasta básica, lo cual me parece no asegura que las familias de los trabajadores puedan adquirir semanalmente, más allá de tortillas, frijoles, arroz, azúcar, aceite, sal, jabón para baño, detergente, papel sanitario y algunos producto y servicios que no se contemplan en la mencionada canasta, como gas, transporte y medicamentos, entre otros. En mi entender no necesitamos que se mida la pobreza, esa se siente todos los días en la mesa de cada uno de los hogares de más de 50 millones de mexicanos que a diario la vienen padeciendo desde hace décadas. Además, esa misma información la genera El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), necesitamos que realmente se combata la corrupción y la impunidad, lo cual no sucede ya que todos los grupos políticos persiguen el mismo fin, acumular riqueza y poder, el pueblo es tan bueno que puede esperar.

La clase trabajadora ha perdido en menos de un año, cerca del 7 % de su salario real y lo más seguro es que el próximo incremento salarial no alcance a cubrir esa pérdida adquisitiva. Pero, además tendrán que pagar el incremento de algunos derechos e impuestos municipales y estatales, que con desesperación están por imponer las autoridades correspondientes, para hacerse de recursos y poder cubrir los boquetes financieros que heredaron de administraciones pasadas o simplemente pagar los compromisos más elementales de sus administraciones. Lo más acertado es no seguir estrangulando los bolsillos de los trabajadores, para no orillarlos  a buscar una falsa salida. Ante la escasez de recursos se debe utilizar la imaginación para darle solución a los problemas en común acuerdo con la población. Si realmente quieren actuar con justicia preservando la paz, de inmediato se deben decomisar  los bienes adquiridos con los recursos del pueblo; reducir la nómina pública, disminuir el monto de los salarios de los  funcionarios públicos de alto rango. No es ético ni moral seguir sacrificando más a la clase trabajadora, no hay que olvidar “que la riqueza y el poder de la mayoría de los empresarios industriales, de los empresarios comerciales y de quienes han hecho de la política una forma de vida, se ha constituido y se mantiene sobre la base de la trasgresión de todos los derechos y leyes humanas.